Omisiones que convierten un parque en zona de riesgo

En Mexicaltzingo, lo que debería ser un espacio de convivencia terminó evidenciando un problema que lleva tiempo creciendo sin control, la presencia de fauna sin supervisión y la falta de atención a animales en situación de calle.
El reciente ataque de una jauría de perros a patos en la parte trasera del parque no es un hecho aislado ni un accidente imprevisible, es la consecuencia directa de una situación que, según vecinos, se ha normalizado, animales deambulando sin control en zonas públicas, sin intervención clara por parte de la autoridad.
Y cuando lo previsible ocurre, deja de ser casualidad, el problema no es solo lo que pasó con los animales, es el riesgo latente para la comunidad, porque una jauría no distingue entre fauna y personas, hoy fueron patos. Mañana, ¿qué sigue?
La ausencia de medidas efectivas no solo refleja una falta de atención, sino una preocupante indiferencia hacia un tema que involucra salud pública, seguridad y bienestar animal, el gobierno municipal encabezado por Saray Benítez Espinoza enfrenta así un señalamiento claro: la falta de control en espacios públicos no es menor, es una responsabilidad directa.
Porque no se trata únicamente de reaccionar después del incidente, se trata de prevenir, y en Mexicaltzingo, la prevención parece llegar siempre tarde, o no llegar, la situación también deja en evidencia la falta de protocolos visibles para el manejo de animales en vía pública, no hay claridad sobre acciones, ni campañas permanentes, ni estrategias que transmitan control.
Solo hechos que se repiten, y cada repetición debilita más la confianza, porque cuando la autoridad no actúa, el mensaje es contundente: el problema no es prioridad, y cuando la seguridad, aunque sea en un parque, deja de ser prioridad, todo lo demás pierde peso.
Al final, lo ocurrido no es solo un incidente desafortunado, es un reflejo, un reflejo de una administración que permite que los problemas crezcan hasta volverse evidentes, en lugar de atenderlos cuando aún eran manejables.
Porque en Mexicaltzingo, el problema no es que haya perros sin control, el problema es que no hay control en absoluto, y mientras la autoridad observa, la realidad avanza sola, eso sí, seguramente el tema se atenderá, después de que vuelva a pasar.
Porque al final, lo más preocupante no es el incidente en sí, sino la normalidad con la que ocurre.
Cuando una comunidad ya espera que algo así pase, el problema dejó de ser circunstancial y se volvió estructural, y si la autoridad solo aparece cuando el daño ya está hecho, entonces no está gobernando… está reaccionando tarde.
Diego Sánchez
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