Vuelven a poner en duda a la “autoridad”

En Lerma, una denuncia ciudadana por presunto abuso policial ha encendido nuevamente las alertas sobre el actuar de las corporaciones de seguridad y la capacidad del gobierno municipal para garantizar protección a la población.
De acuerdo con el testimonio del afectado, elementos policiales lo habrían interceptado mientras se dirigía a realizar compras, para posteriormente agredirlo físicamente y despojarlo de dinero en efectivo y pertenencias personales, el ciudadano asegura haber sufrido un golpe en la cabeza que le provocó lesiones, además de la pérdida de recursos destinados a necesidades básicas.
El señalamiento, aunque corresponde a una versión que deberá ser investigada, resulta especialmente delicado por el tipo de conducta que describe, uso de la fuerza y posible abuso de autoridad por parte de quienes, en teoría, están obligados a proteger.
Y ahí es donde el problema deja de ser individual, porque cuando una denuncia de este tipo surge, no solo se cuestiona a los elementos involucrados, sino a toda la estructura que los respalda. ¿Qué controles existen? ¿Qué tipo de supervisión se ejerce? ¿Qué tan frecuente es que estos casos ocurran sin consecuencias?, hasta ahora, lo que predomina es el silencio oficial, y en temas de seguridad, el silencio no es neutral, pesa.
El gobierno municipal encabezado por el Mike y en este caso su director de la policía municipal Alberto Ramírez Pérez, enfrentan, así un escenario donde la confianza ciudadana se pone a prueba, porque si la autoridad no responde con claridad y rapidez, la percepción se construye sola: que no hay control suficiente o, peor aún, que no hay voluntad de atender el problema.
Las denuncias por presunto abuso policial no son un asunto menor ni pueden tratarse como hechos aislados, son señales que obligan a revisar protocolos, capacitar elementos y, sobre todo, garantizar que cualquier exceso sea investigado y sancionado conforme a la ley.
Porque en seguridad pública, la línea entre autoridad y abuso es clara, pero también frágil, cuando esa línea se cruza, o se percibe que se cruza, lo que se rompe no es solo la legalidad, es la confianza, el ciudadano, denuncia una experiencia que contradice el propósito mismo de la policía.
Y esa contradicción es la que más preocupa, hoy la pregunta no es solo qué pasó, sino cuántas veces más puede estar pasando sin que nadie responda, y mientras la autoridad guarda silencio, la desconfianza habla por sí sola.
En Lerma, la seguridad no se defiende con discursos, se demuestra con resultados.
Esteban Díaz
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