El municipio de Zinacantepec parece haberse convertido en el reflejo perfecto del desastre administrativo que encabeza el Chapatín Vilchis, porque mientras el alcalde insiste en vender discursos de progreso y transformación, la realidad cuelga literalmente de un cable.
Vecinos del Barrio del Calvario denunciaron un poste de luz prácticamente derribado sobre la calle Agustín de Iturbide, entre Isabel la Católica y Hermenegildo Galeana, el poste, presuntamente golpeado por un vehículo pesado, permanece sostenido únicamente por los cables, poniendo en riesgo a peatones, automovilistas y familias enteras, una escena peligrosa, vergonzosa y tristemente habitual en un municipio donde la improvisación parece ser política pública.
Y es ahí donde queda exhibida la verdadera cara del gobierno municipal: obras de relumbrón para la foto, pero servicios básicos abandonados, porque mientras se gastan millones en proyectos cuestionados, en calles donde realmente se necesita mantenimiento y atención inmediata la respuesta simplemente no existe.
La molestia social sigue creciendo, manifestaciones, denuncias ciudadanas y reclamos públicos comienzan a acumularse contra una administración señalada por obras de mala calidad, decisiones absurdas y un evidente deterioro de los servicios municipales, el problema ya no es solo la incapacidad; es la indiferencia con la que se gobierna.
En Zinacantepec ya no sorprende ver calles destruidas, luminarias inservibles, inseguridad creciente y colonias olvidadas, lo que verdaderamente empieza a indignar es la facilidad con la que el gobierno municipal intenta maquillar el desastre con propaganda, eventos y discursos vacíos.
Porque mientras los vecinos tienen que alertarse entre ellos para evitar una tragedia con un poste colgando, el ayuntamiento parece ocupado en administrar apariencias, y eso explica por qué cada vez más ciudadanos sienten que el municipio no tiene rumbo, sino simplemente ocurrencias improvisadas desde una oficina alejada de la realidad.
Lo más preocupante es que el deterioro ya es visible en todos lados, no hace falta buscar grandes auditorías ni expedientes complejos para entender el fracaso, basta caminar por las calles, escuchar a la gente y observar cómo la infraestructura pública se cae a pedazos frente a un gobierno que parece incapaz de sostener siquiera un poste, mucho menos un municipio entero.
Y mientras Zinacantepec se llena de cables sueltos, obras inútiles y ciudadanos hartos, el Chapatin sigue actuando como si gobernar fuera posar para la foto y repartir promesas recicladas, porque al final, su administración se parece demasiado a ese poste en el Calvario, tambaleándose, sostenida apenas por unos cuantos cables, y a punto de venirse abajo frente a todos, igual de bajo que el octavo hijo de blancanieves.
Diego Sánchez
