¿Incapacidad y desorden?

El Facebook y redes no perdonan errores, estarán para toda la vida

El municipio de Tenancingo vuelve a colocarse en el centro de la polémica, ahora no por una obra relevante ni por resultados destacados, sino por una sanción del Tribunal Electoral del Estado de México contra la alcaldesa Nancy Nápoles Pacheco, tras difundir su informe de gobierno fuera del plazo legal establecido.
Sí, en pleno 2026, con asesores, directores, coordinadores, jurídicos, comunicación social y toda una estructura pagada con recursos públicos, nadie fue capaz de decirle a la administración municipal algo tan básico como respetar los tiempos que marca la ley, un error que no solo exhibe descuido, sino una preocupante improvisación dentro del gobierno municipal.
Y el problema no termina en la sanción, el propio Tribunal ordenó investigar posibles responsabilidades administrativas, lo que abre la puerta a nuevas consecuencias derivadas de este episodio que, lejos de parecer un simple “detalle técnico”, refleja la forma atropellada en que parece conducirse la administración.
Porque cuando un gobierno falla incluso en el cumplimiento de reglas elementales, la ciudadanía inevitablemente se pregunta qué estará ocurriendo en asuntos mucho más delicados como contratos, manejo de recursos, obras públicas o decisiones administrativas, la confianza institucional no se pierde únicamente por grandes escándalos, también se erosiona con errores que evidencian incapacidad y desorden.
En lugar de proyectar seriedad y profesionalismo, el gobierno municipal terminó convirtiendo un acto protocolario en un caso que escaló hasta instancias electorales, y mientras tanto, Tenancingo sigue acumulando más titulares por polémicas y tropiezos políticos que por resultados concretos para la población.
La situación también deja mal parado al equipo cercano de la alcaldesa, porque si nadie previó una falta tan elemental, entonces existen dos posibilidades igual de preocupantes, o no conocen la ley, o la ignoraron creyendo que no habría consecuencias, ninguna de las dos habla bien de una administración que presume orden y capacidad.
Más allá de colores partidistas, el mensaje que deja este caso es claro: gobernar no es solo posar para fotografías o llenar redes sociales con discursos triunfalistas, gobernar implica responsabilidad, preparación y respeto por las normas que rigen el servicio público.
Y así, mientras en Tenancingo siguen vendiendo discursos de “transformación”, la realidad termina alcanzándolos en forma de sanciones oficiales, porque cuando ni siquiera pueden entregar y difundir correctamente un informe de gobierno, queda una pregunta flotando en el aire: si fallan en algo tan básico, ¿qué no estará ocurriendo en lo que la ciudadanía no ve?
Daniel Sánchez

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