Municipio convertido en negocio privado

En Lerma el problema ya no es únicamente el desorden urbano, sino la descarada sensación de que el Ayuntamiento dejó de gobernar para convertirse en una ventanilla de negocios disfrazada de administración pública, bajo el mando de Mike, el municipio se ha convertido en un laboratorio perfecto de opacidad, permisos sospechosos y crecimiento urbano caótico donde el único plan visible parece ser beneficiar intereses privados mientras la ciudadanía paga las consecuencias.
Las acusaciones ya no son simples rumores de pasillo ni comentarios en redes sociales. Hoy existe una causa penal activa relacionada con presunta corrupción urbana y, lejos de aclarar el panorama, el alcalde parece más ocupado esquivando audiencias y responsabilidades que dando la cara, porque cuando un presidente municipal falta a comparecencias mientras las investigaciones avanzan, el mensaje político es devastador: aquí la rendición de cuentas estorba más que los fraccionamientos irregulares.
Y mientras el expediente crece, también crece la sospecha sobre el modelo que durante años permitió la expansión descontrolada de desarrollos sin servicios básicos, sin planeación y, en algunos casos, sobre terrenos con conflictos legales, empresas fantasmas aparecen de la nada, consiguen permisos exprés y desaparecen dejando drenajes colapsados, calles deficientes y familias atrapadas en problemas que nadie quiere resolver, pero eso sí, alguien ya cobró, alguien ya firmó y alguien ya salió beneficiado.
En Lerma el desarrollo urbano dejó de ser un proyecto para mejorar la calidad de vida y se transformó en un negocio donde primero se construye, después se vende y jamás se responde, colonias sin agua, infraestructura insuficiente y servicios públicos rebasados son el verdadero legado de un gobierno que parece haber confundido crecimiento con saqueo autorizado.
Las observaciones del Órgano Superior de Fiscalización solo alimentan aún más las dudas. Porque mientras el municipio presume expansión inmobiliaria y movimiento económico, los números simplemente no cuadran, hay más permisos, más construcciones y más movimiento urbano, pero no aparecen mejoras reales en infraestructura ni claridad sobre el destino de los recursos, entonces la pregunta que recorre Lerma ya no es si hubo irregularidades, sino cuántas y quiénes participaron.
Lo más grotesco es que todavía intenten vender este desastre como modernización, en Lerma ya quedó claro que el concreto no era para construir futuro, sino para tapar intereses, en el Lerma de Mike ya ni siquiera hace falta ocultar el desastre, basta recorrer el municipio.
                             Esteban Díaz
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