Clientelismo Descarado

¡Sí me ayudan me reelijo para el 27!

En Tenancingo el problema ya no es solamente la falta de resultados, sino la descarada normalización del desastre político y administrativo bajo el gobierno de Nancy Nápoles Pacheco, mientras otros municipios intentan presumir avances, obras o estrategias para enfrentar los problemas sociales, Tenancingo vuelve a colocarse en el centro de la conversación estatal, pero por escándalos, cuestionamientos y una administración cada vez más señalada por la incapacidad, el desorden y el uso faccioso del poder.
La inconformidad ciudadana crece porque el municipio parece atrapado en una administración que vive más preocupada por la supervivencia política que por resolver las necesidades reales de la población, inseguridad, deficiencias en servicios, cuestionamientos sobre el manejo de recursos y un evidente desgaste social forman parte del escenario que hoy enfrenta Tenancingo, mientras desde el gobierno municipal continúan vendiendo discursos reciclados de transformación que ya nadie cree.
Y como si el rechazo ciudadano no fuera suficiente advertencia, ahora las acusaciones apuntan a prácticas que muchos vecinos consideran una abierta estrategia de clientelismo político disfrazado de “apoyo social”, habitantes denuncian que familiares cercanos de la alcaldesa, incluyendo a su hermano y a su tío, recorren comunidades entregando despensas en medio de un ambiente político cada vez más tenso, lo que ha despertado sospechas sobre un posible intento anticipado de operar políticamente rumbo a una eventual reelección.
Porque en Tenancingo parece que la prioridad ya no es gobernar, sino conservar el poder a cualquier costo, mientras las calles siguen enfrentando problemas reales, el gobierno municipal apuesta por la vieja fórmula del asistencialismo electorero: entregar apoyos, posar para la fotografía y tratar de maquillar con despensas el enorme desgaste que arrastra la administración.
La molestia social no surge únicamente por la entrega de apoyos, sino por el contraste insultante entre la propaganda oficial y la realidad cotidiana del municipio, porque mientras la administración presume cercanía con la gente, ciudadanos cuestionan dónde quedaron las soluciones reales, los proyectos de impacto y las acciones que verdaderamente mejoren la calidad de vida de las familias tenancinguenses.
Cada vez son más los habitantes que consideran que Tenancingo se convirtió en un municipio atrapado entre el abandono administrativo y la promoción política permanente. Un gobierno donde parece haber más interés en construir estructuras electorales familiares que en resolver problemas públicos.
Y mientras Nancy Nápoles intenta sostener una narrativa de gobierno exitoso, las críticas ya no vienen solo de adversarios políticos, sino de ciudadanos cansados de una administración que prometió transformación y terminó convertida en sinónimo de desgaste, improvisación y simulación.
Porque al final, en Tenancingo ya no queda claro si el Ayuntamiento gobierna para la ciudadanía, o si simplemente se transformó en una oficina familiar de promoción electoral con recursos públicos. Y quizás eso explique por qué el municipio aparece constantemente en la mira estatal: no por progreso, no por resultados y mucho menos por liderazgo, sino por demostrar cómo convertir un gobierno municipal en una interminable campaña política disfrazada de administración pública.
Daniel Sánchez

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