Vehículo Turístico Oficial

En Xalatlaco parece que algunas unidades oficiales también disfrutan de salir de paseo, la reciente aparición de un vehículo presuntamente perteneciente al Ayuntamiento involucrado en un accidente sobre la carretera SantiagoChalma ha dejado más preguntas que respuestas entre la ciudadanía, ya que Abelito Flowers y sus esbirros para este tipo de escenarios son expertos.
Lo que debería ser un asunto sencillo de aclarar se ha convertido en un nuevo episodio de incertidumbre administrativa, los habitantes se preguntan qué hacía una unidad oficial fuera del municipio, cuál era la comisión asignada, quién autorizó el traslado y por qué hasta ahora la información pública ha sido tan escasa.
El problema no es únicamente el percance, el verdadero problema es la costumbre de algunas administraciones de creer que los recursos públicos pueden circular sin explicaciones claras, cuando un vehículo oficial aparece lejos de su zona habitual de operación, la obligación inmediata de cualquier gobierno responsable debería ser informar, transparentar y rendir cuentas.
Mientras tanto, en el gobierno de Abelito parece que la estrategia sigue siendo la misma de siempre: dejar que las dudas circulen más rápido que los comunicados oficiales, y cuando la información no llega, inevitablemente llegan las especulaciones.
La ciudadanía no pide milagros ni discursos elaborados; pide algo mucho más sencillo, saber qué ocurrió, quién iba en la unidad y cuál era el motivo del traslado, después de todo, los vehículos oficiales no son propiedad privada ni forman parte de una agencia de viajes municipal.
Porque si cada vez que aparece una unidad oficial fuera de contexto la respuesta es el silencio, pronto habrá que instalar una sección turística en el Ayuntamiento para informar dónde amanecieron los vehículos públicos, al menos así los ciudadanos podrían seguirles la ruta, ya que las explicaciones oficiales parecen extraviarse con mayor facilidad que las propias unidades.
Lo que más preocupa es que este episodio ocurre en un momento en el que la ciudadanía exige mayor transparencia y rendición de cuentas, cada peso destinado al funcionamiento del gobierno proviene del bolsillo de los contribuyentes, por lo que resulta completamente legítimo preguntar quién autorizó el uso de la unidad, cuál era su comisión y por qué hasta ahora no existe una explicación pública clara y contundente.
En cualquier administración que entienda el significado de la responsabilidad pública, una situación así se aclararía en cuestión de horas, sin embargo, en Xalatlaco parece que las respuestas viajan más lentas que los vehículos oficiales, el silencio institucional termina convirtiéndose en el principal combustible de las sospechas y la desconfianza ciudadana.
Diego Sánchez
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