Cuando el miedo sustituye a la confianza

En Mexicaltzingo la molestia social ya no se esconde, las redes sociales y las conversaciones en las calles se han llenado de cuestionamientos sobre el actuar del gobierno municipal y de sus cuerpos de seguridad, ha reavivado una percepción que desde hace tiempo viene creciendo entre diversos sectores de la población: la de un gobierno que, según sus críticos, se ha alejado de la ciudadanía y se ha acercado peligrosamente a la confrontación.
La indignación no proviene del sentimiento de que las autoridades municipales han sido incapaces de disipar las dudas, aclarar las versiones y recuperar la confianza pública, porque cuando un ciudadano dice sentirse intimidado o temer por su seguridad, lo mínimo que espera es una explicación institucional seria y una respuesta transparente, no el silencio, la evasiva o la indiferencia.
En lugar de hablar de obras, desarrollo o proyectos de largo plazo, Mexicaltzingo parece atrapado en una permanente cadena de polémicas y señalamientos, y cuando un gobierno se vuelve más famoso por las controversias que por sus resultados, el problema ya no es de percepción: es de credibilidad.
La ciudadanía merece respuestas claras y la certeza de que las instituciones están para proteger a las personas y no para convertirse en motivo de preocupación, porque el poder público no es un escudo para descalificar cuestionamientos ni un privilegio para gobernar a la defensiva; es una responsabilidad que exige rendición de cuentas y capacidad para escuchar.
Porque un gobierno puede sobrevivir a la crítica, a las protestas e incluso a los errores; lo que difícilmente sobrevive es a la pérdida de confianza de su propia gente, y en Mexicaltzingo, cada nueva polémica parece sumar un ladrillo más al muro que hoy separa al gobierno de sus gobernados.
Al final, los ciudadanos no piden milagros ni discursos grandilocuentes; piden algo mucho más básico: poder vivir tranquilos y confiar en sus autoridades, si eso se vuelve una aspiración lejana, entonces el verdadero problema del municipio ya no está en las redes sociales, sino en el propio ejercicio del gobierno.
Porque gobernar no consiste en acumular eventos, fotografías o publicaciones en redes sociales; consiste en generar certidumbre y tranquilidad, y en Mexicaltzingo la pregunta que cada vez más personas se hacen es tan simple como incómoda: si los ciudadanos terminan sintiéndose más preocupados que protegidos, entonces ¿quién está cuidando realmente al municipio?.
Diego Sánchez
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