En Zinacantepec cada vez son más las voces que se preguntan cuál es el verdadero criterio para acceder a cargos, posiciones y oportunidades dentro del gobierno municipal, mientras ciudadanos que caminaron calles, tocaron puertas y defendieron proyectos políticos durante campañas aseguran sentirse olvidados, otros parecen avanzar a velocidad de autopista dentro de la administración.
La inconformidad no surge únicamente por los nombramientos, sino por la percepción de que el esfuerzo, el trabajo territorial y la lealtad política tienen menos valor que las relaciones cercanas con quienes hoy concentran el poder, y cuando esa percepción se instala en la opinión pública, el daño institucional es enorme, porque la confianza comienza a evaporarse.
Mientras tanto, los problemas de seguridad, servicios públicos y obras pendientes siguen acumulándose en distintas comunidades, sin embargo, pareciera que en algunos círculos del gobierno municipal la prioridad no es resolver las necesidades ciudadanas, sino mantener contenta a una élite política que se mueve cómodamente entre oficinas, eventos y fotografías oficiales.
La pregunta que muchos habitantes hacen ya no es quién gobierna Zinacantepec, sino para quién se gobierna, porque cuando los resultados escasean y las explicaciones nunca llegan, el vacío termina llenándose con sospechas, rumores y descontento social.
Y así, mientras los vecinos esperan respuestas, algunos funcionarios parecen haber descubierto la fórmula secreta del éxito administrativo: no hace falta resolver problemas, basta con aparecer en la foto correcta, total, en el Zinacantepec de los milagros políticos, hay quienes suben más rápido que la espuma, aunque el municipio siga hundido en los mismos pendientes de siempre.
Porque en Zinacantepec ya no queda claro si el Ayuntamiento es una administración pública o una agencia de colocaciones VIP, lo único cierto es que mientras los ciudadanos hacen fila para pedir soluciones, hay quienes parecen tener pase directo al paraíso burocrático.
Lo más preocupante es que la inconformidad ya no proviene únicamente de los opositores, cada vez son más los propios simpatizantes, operadores y ciudadanos que alguna vez respaldaron el proyecto quienes comienzan a preguntarse en qué momento las promesas de cercanía se convirtieron en puertas cerradas y oídos sordos, porque una cosa es ganar una elección y otra muy distinta conservar la confianza de quienes ayudaron a conseguirla.
En los pasillos políticos de Zinacantepec ya se escucha un comentario que se repite con insistencia: pareciera que el gobierno municipal vive más preocupado por acomodar piezas en el tablero del futuro que por resolver los problemas del presente, mientras los ciudadanos piden agua, seguridad, obras y servicios.
Diego Sánchez
