Si el calos no quema

..... por lo menos tizna

En los últimos días el caso que involucra a la alcaldesa de Tenancingo ha generado una avalancha de información, declaraciones, posicionamientos y reacciones que han comenzado a desplazar la conversación pública hacia terrenos distintos al hecho que originalmente dio origen a la investigación.
Como suele ocurrir en las grandes crisis políticas, alrededor del tema principal comienzan a aparecer nuevos actores, nuevas versiones, nuevos señalamientos y nuevos conflictos.
De pronto la discusión deja de girar exclusivamente alrededor de los hechos originales para trasladarse hacia otros escenarios.
Se habla de intereses políticos.
Se habla de persecuciones.
Se habla de discriminación.
Se habla de grupos de poder.
Se habla de operadores políticos.
Y poco a poco el ojo público comienza a alejarse del punto donde todo inició.
Es una estrategia conocida.
No necesariamente porque alguien tenga razón o no la tenga.
Sino porque en política los reflectores son tan importantes como los hechos.
Y cuando un reflector comienza a quemar, la tentación natural es moverlo hacia otro lado.
Sin embargo, existe una diferencia importante entre el debate político y la búsqueda de la verdad.
El debate político puede cambiar todos los días.
La verdad de los hechos no.
Por ello, más allá de comunicados, conferencias, posicionamientos o acusaciones cruzadas, la pregunta sigue siendo exactamente la misma que hace semanas:
¿Qué ocurrió realmente?
Porque mientras la opinión pública discute nuevos temas, el origen de la historia permanece intacto.
Y es precisamente ahí donde debe permanecer la atención.
No porque los demás temas carezcan de importancia.
Sino porque ninguna narrativa secundaria debería sustituir la necesidad de conocer la verdad de los hechos que dieron origen al caso.
Las crisis políticas tienen una característica peculiar.
Conforme crecen, comienzan a generar sus propios distractores.
Algunas veces son declaraciones.
Algunas veces son acusaciones.
Algunas veces son conflictos paralelos.
Pero todos tienen algo en común.
Alejan la conversación del punto de partida.
Por eso el papel del periodismo no consiste en perseguir el último escándalo del día.
Consiste en regresar una y otra vez al origen de la historia.
Porque mientras algunos buscan mover el reflector, la responsabilidad de los medios sigue siendo observar el lugar donde comenzó el incendio.
Y es ahí donde surge una reflexión inevitable.
Quizá el verdadero reto no sea descubrir quién tiene la mejor narrativa.
Quizá el verdadero reto sea no perder de vista la verdad.
Porque al final de cuentas, cuando el calor de una crisis deja de quemar, todavía puede seguir tiznando.
Y las manchas que deja la duda suelen permanecer mucho más tiempo que los discursos que intentaron ocultarla.
Usted amigo lector tiene la última palabra.
Diego Sánchez

Salir de la versión móvil