En Ocoyoacac la inconformidad ciudadana ya ni siquiera gira en torno a grandes proyectos, obras monumentales o promesas de transformación, la exigencia es mucho más sencilla: calles transitables, y cuando un gobierno no logra atender algo tan básico como el estado de sus vialidades, inevitablemente surge una pregunta incómoda: ¿de verdad está gobernando o simplemente está administrando la inercia?
Las quejas se acumulan mientras las calles continúan deteriorándose, en la cabecera municipal, vecinos observan cómo los problemas cotidianos permanecen sin solución y cómo el paso de los meses parece beneficiar únicamente a los baches, que crecen, se multiplican y se consolidan como parte del paisaje urbano, pareciera que en algunas zonas de Ocoyoacac el asfalto ya se rindió hace tiempo y el gobierno decidió rendirse después.
La molestia aumenta porque las vialidades son la carta de presentación de cualquier municipio, son el primer contacto de los ciudadanos con la capacidad de respuesta de sus autoridades, y cuando ni siquiera se logra mantener en condiciones aceptables una calle, el mensaje que recibe la población es devastador: si lo elemental está abandonado, ¿qué se puede esperar de los problemas más complejos?
Mientras tanto, el gobierno municipal encabezado por Nancy Valdez enfrenta una creciente percepción de desconexión con las necesidades más inmediatas de la gente, porque gobernar no consiste únicamente en asistir a eventos, inaugurar actividades o publicar mensajes institucionales, gobernar también implica resolver los problemas que los ciudadanos pisan, esquivan y padecen todos los días.
En Ocoyoacac ya hay quienes bromean diciendo que los baches deberían ser declarados patrimonio municipal, porque han demostrado más permanencia y estabilidad que muchas promesas de campaña, y es que, al parecer, las calles del municipio han terminado convertidas en el más sincero informe de gobierno: un recordatorio permanente de que las prioridades ciudadanas siguen esperando turno.
Porque si un gobierno no puede con un hoyo en la calle, difícilmente convencerá a alguien de que puede enderezar el rumbo de todo un municipio, en Ocoyoacac, los baches ya no solo dañan llantas y suspensiones; también están perforando la paciencia y la confianza de los ciudadanos.
Y al paso que van las cosas, quizá el próximo atractivo turístico de la cabecera municipal no sea un monumento ni un evento cultural, sino un recorrido guiado por los cráteres urbanos de Ocoyoacac, cortesía de un Ayuntamiento que todavía no encuentra el mapa para llegar a las prioridades de su gente.
Porque gobernar un municipio no es un concurso de apariciones públicas; es tener la capacidad de resolver lo básico y cuando ni eso ocurre, la crítica deja de ser exageración.
Lorena Roca
