En Mexicaltzingo cada vez son más los ciudadanos que coinciden en algo elemental: el municipio no necesita más discursos, necesita resultados, porque las calles deterioradas, las deficiencias en los servicios públicos y las demandas de la población no se resuelven con publicaciones en redes sociales ni con confrontaciones políticas. Se resuelven gobernando.
La presidenta municipal, Saray Benítez, enfrenta un creciente reclamo ciudadano que no pide milagros ni obras faraónicas, la exigencia es mucho más sencilla: recorrer el municipio, escuchar a la gente y atender las necesidades más urgentes, porque mientras desde el gobierno se insiste en la narrativa de los logros, en las calles hay vecinos que siguen esperando respuestas y soluciones concretas.
La molestia aumenta porque, según expresan diversos sectores de la población, la crítica parece ser vista como un acto de rebeldía y no como lo que realmente es en una democracia: un derecho ciudadano, señalar deficiencias, exigir cuentas y cuestionar decisiones públicas no convierte a nadie en adversario; lo convierte en un ciudadano participativo que espera que su gobierno funcione.
El problema para cualquier administración comienza cuando la percepción ciudadana se instala y se vuelve cotidiana, y en Mexicaltzingo esa percepción crece: la de un gobierno que parece más ocupado en responder a los cuestionamientos que en responder a los problemas. Porque la gente puede soportar errores, pero difícilmente tolera sentirse ignorada.
En política hay una regla sencilla: cuando un gobierno dedica más tiempo a explicar por qué lo critican que a resolver por qué lo critican, el problema ya no es la oposición ni las redes sociales, el problema es que la realidad terminó convirtiéndose en la principal crítica.
Diego Sánchez
