Progreso que Apesta

En Ocoyoacac, la ironía ciudadana está más activa que nunca, vecinos inconformes se preguntan si la tan anunciada modernidad del municipio terminó reducida a montones de basura, contaminación y malos olores, con sarcasmo, algunos habitantes se refieren a estos problemas como la verdadera “tecnología de punta” del gobierno municipal: residuos acumulados, contaminación visible y una creciente sensación de abandono.
La molestia no surge únicamente por la imagen urbana, los ciudadanos expresan preocupación por las posibles afectaciones al medio ambiente y a la calidad de vida de las familias que habitan cerca de las zonas señaladas, para muchos, resulta incomprensible que en pleno siglo XXI todavía existan puntos del municipio donde la acumulación de desechos y la falta de atención se conviertan en parte del paisaje cotidiano.
La crítica también alcanza al ámbito político. Cada vez son más las voces que reclaman acciones concretas y menos discursos, porque, al final, la gente no mide la eficiencia de un gobierno por la cantidad de publicaciones en redes sociales ni por los anuncios oficiales; la mide por el estado de sus calles, la limpieza de su entorno y la capacidad de las autoridades para atender problemas que afectan directamente su vida diaria.
En política, pocas cosas son tan implacables como la basura: tarde o temprano se acumula, se nota y termina por generar un mal olor que ningún comunicado oficial puede perfumar, y cuando los ciudadanos comienzan a usar el sarcasmo para describir la realidad de su municipio, es porque la paciencia lleva tiempo desbordándose.
Quizá la pregunta más incómoda para cualquier administración sea la que hoy hacen algunos habitantes de Ocoyoacac: si esto es lo que se presume como progreso, ¿cómo será entonces el abandono? Porque un municipio puede soportar críticas, pero difícilmente puede presumir modernidad cuando la ciudadanía siente que vive entre problemas que deberían haberse resuelto hace mucho tiempo.
Y lo más preocupante es que la basura no solo se acumula en los espacios denunciados; también se acumula la frustración de los ciudadanos que observan cómo pasan los días, las semanas y los meses sin soluciones de fondo, porque cuando un problema ambiental se vuelve parte del paisaje cotidiano, el mensaje que recibe la gente es devastador, que el deterioro terminó siendo normalizado por quienes tendrían la responsabilidad de atenderlo.
Al final, la historia es tan irónica como triste. Mientras en otros lugares se presume tecnología para construir ciudades más limpias y sostenibles, en Ocoyoacac algunos ciudadanos dicen que el verdadero símbolo de la administración es el olor del abandono y las montañas de desechos que nadie quiere ver, pero que todos tienen que soportar,  recuperar la confianza de un pueblo  eso toma mucho más tiempo.
                             Lorena Roca
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