Clausuran negocios… ¿y la confianza?

En Ocoyoacac parece que la política pública más eficiente ya no es mejorar los servicios, reforzar la seguridad o resolver las necesidades de la población, sino bajar cortinas.
Mientras comerciantes denuncian presuntas clausuras arbitrarias, verificaciones selectivas y multas que consideran excesivas, el gobierno municipal encabezado por Nancy Valdez Ruiz enfrenta un creciente desgaste por una percepción que se repite cada vez con más frecuencia entre los propios ciudadanos: gobernar con inspecciones parece más sencillo que gobernar con resultados.
Los locatarios aseguran que los acuerdos terminan siendo promesas de papel y que el diálogo con la autoridad se ha convertido en un trámite sin destino, a ello se suman reclamos por deficiencias en los servicios públicos e inseguridad, problemas que, afirman, continúan sin solución, mientras los operativos de regulación ocupan el centro de la agenda municipal, para muchos comerciantes, el mensaje parece claro, primero la clausura; las soluciones, si acaso, para después.
Las inconformidades también alcanzan a funcionarios municipales señalados por los propios comerciantes por presuntos actos de abuso de autoridad y por supuestas irregularidades que, hasta ahora, no han sido determinadas por autoridad competente. Precisamente por ello, corresponde a las instancias responsables revisar cualquier denuncia y, en su caso, deslindar responsabilidades, lo que sí resulta evidente es que la percepción ciudadana sobre el gobierno municipal continúa deteriorándose conforme aumentan los conflictos con distintos sectores de la población.
Ocoyoacac necesita un gobierno que inspire certeza jurídica, no incertidumbre. La autoridad tiene la obligación de hacer cumplir la ley, pero también de garantizar que cada procedimiento se realice con transparencia, imparcialidad y respeto a los derechos de los ciudadanos, cuando esa confianza comienza a fracturarse, el problema deja de ser administrativo y se convierte en político.
Un gobierno no se mide por la cantidad de sellos de clausura que coloca, sino por la cantidad de problemas que resuelve, los comerciantes no están pidiendo privilegios; dicen exigir reglas claras, piso parejo y autoridades que escuchen antes de sancionar, si las denuncias siguen acumulándose y la respuesta continúa siendo el silencio, la administración corre el riesgo de ser recordada más por los conflictos.
Y quizá ahí radique la mayor ironía: mientras algunos negocios terminan con la cortina abajo, la credibilidad del gobierno parece ir exactamente por el mismo camino, porque las clausuras pueden ser temporales, pero recuperar la confianza ciudadana suele ser la obra más difícil, y hasta ahora, esa sigue sin iniciar,  las únicas cortinas que bajan con puntualidad son las de los negocios; las de los problemas del municipio siguen abiertas.
                             Lorena Roca
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