En Xalatlaco ya parece existir una nueva modalidad de obra pública: la que realizan los propios ciudadanos mientras el Ayuntamiento observa desde la comodidad de sus oficinas, esta vez fueron habitantes y taxistas de la comunidad de Coexapa quienes, cansados de esperar una solución, tomaron palas, tierra y cascajo para rellenar los enormes baches de la vialidad principal, intentando reducir el riesgo para quienes todos los días transitan por la zona.
Lo preocupante no es únicamente el deterioro del camino, sino el mensaje que deja esta escena: cuando la ciudadanía tiene que organizarse para atender problemas básicos de infraestructura, algo evidente está fallando en la administración pública, los vecinos aseguran que solicitaron apoyo al gobierno municipal sin obtener respuesta, por lo que decidieron actuar antes de seguir esperando una solución que, hasta ahora, no ha llegado.
La imagen resulta tan simbólica como incómoda, mientras unos invierten su tiempo libre para reparar lo que consideran responsabilidad de la autoridad, el municipio vuelve a quedar exhibido por la falta de atención a una demanda cotidiana, no se trata de una gran obra ni de un proyecto millonario; se trata de una carretera en condiciones mínimas para circular con seguridad.
Las críticas también alcanzan a la administración encabezada por Abelito Flowers, pues entre los habitantes crece la percepción de que las necesidades más urgentes de las comunidades avanzan a un ritmo mucho más lento que los discursos oficiales, la frustración aumenta cuando la respuesta institucional parece limitarse al silencio mientras el deterioro continúa acumulándose kilómetro tras kilómetro.
Los propios vecinos han hecho un llamado a los delegados para fortalecer la organización comunitaria y gestionar una rehabilitación definitiva, sin embargo, también advierten que, si las autoridades municipales continúan sin responder, podrían recurrir a otras formas de exigir atención. Lo que comenzó como una jornada para rellenar baches podría convertirse en un símbolo del creciente descontento ciudadano.
Quizá la mayor ironía sea que, sin presupuesto municipal ni ceremonias de inauguración, los habitantes lograron hacer algo que durante meses no ocurrió desde el gobierno, intervenir el camino, claro, no es la solución definitiva, pero al menos demuestra que la voluntad ciudadana apareció antes que la maquinaria oficial, porque si las comunidades terminan convirtiéndose en constructoras improvisadas, el verdadero bache ya no está solo en la carretera, sino en la capacidad de respuesta del gobierno municipal.
Más allá del parche de tierra y cascajo, el episodio refleja un creciente sentimiento de abandono entre la población, que observa cómo las soluciones llegan primero por la organización comunitaria que por la acción institucional.
Diego Sánchez
