En Tenango del Valle parece que algunas obras públicas vienen con una función adicional, convertirse en chapoteaderos cada vez que cae una lluvia intensa, vecinos cuestionan que, mientras se presume la construcción y rehabilitación de calles como símbolo de progreso, la realidad cambia por completo apenas aparecen las primeras precipitaciones y el agua termina apoderándose del pavimento.
La inconformidad ciudadana no se centra únicamente en los encharcamientos, sino en la percepción de que algunas obras no estarían resolviendo de fondo los problemas de drenaje y escurrimiento, para muchos habitantes, una calle recién inaugurada pierde rápidamente su brillo cuando el agua convierte la circulación en una carrera de obstáculos para peatones y automovilistas.
Las críticas son puntualmente para el Padrino Mágico, pues diversos ciudadanos consideran que la calidad de una obra no debería medirse por el corte del listón o las fotografías oficiales, sino por su funcionamiento durante la temporada de lluvias, al final, el verdadero examen del pavimento comienza cuando cae el primer aguacero, no cuando se toma la fotografía de inauguración.
Una obra pública debería conectar destinos, no invitar a sacar botas de hule, si cada tormenta termina inaugurando una nueva alberca improvisada, quizá el próximo reconocimiento no sea por infraestructura vial, sino por impulsar el turismo acuático.
Esteban Díaz
