Mientras en el puente de Mazachulco la realidad exige precaución a los automovilistas, desde Palacio de Gobierno se difundió el reciente encuentro entre la gobernadora Delfina Gómez Álvarez y la presidenta municipal de Mexicaltzingo, Saray Benítez Espinoza, acompañado del habitual discurso de “sumar esfuerzos”, “empatía” y “transformación”, el problema es que entre las palabras y lo que viven diariamente los ciudadanos parece existir un abismo bastante más grande que cualquier bache.
La pregunta es inevitable: ¿será que Saray Benítez aprovechó su más reciente reunión con la gobernadora para hablar de las condiciones reales que enfrentan los habitantes de Mexicaltzingo?, porque si el encuentro sirvió realmente para gestionar soluciones, sería interesante conocer qué acuerdos concretos se alcanzaron para atender problemas como el del puente de Mazachulco y otras necesidades del municipio, la ciudadanía no necesita fotografías protocolarias ni discursos adornados; necesita saber qué se hará, cuándo y quién se hará responsable.
Mientras desde el gobierno municipal se habla de colaboración y de que “la transformación se siente de verdad”, los habitantes tienen otra forma mucho más sencilla de medir esa transformación: salir a las calles y enfrentarse a los problemas cotidianos, una reunión con la gobernadora puede ser importante, pero por sí sola no repara una vialidad, no mejora un puente y mucho menos resuelve las molestias de quienes utilizan diariamente estas rutas, si hubo gestión, ahora corresponde demostrarla con resultados.
Por eso, la administración de Saray Benítez tiene una oportunidad inmejorable para pasar del discurso a los hechos, si durante el encuentro con Delfina Gómez se plantearon las necesidades de Mexicaltzingo, que se conozcan los acuerdos y que pronto puedan verse avances, porque cuando una autoridad presume empatía, transparencia y transformación, pero los problemas continúan a la vista de todos, inevitablemente surge la sospecha de que se está trabajando más en la imagen que en la solución.
Y aquí viene la parte que seguramente no cabía en la fotografía de Palacio de Gobierno, los ciudadanos no viven dentro de los boletines oficiales, se puede maquillar el discurso, ponerle filtros, retoques y hasta música de transformación, pero el puente de Mazachulco seguirá ahí para recordar que la realidad no utiliza Photoshop, así que, Saray, menos maquillaje político y más resultados: porque todavía no existe filtro de Instagram capaz de convertir un problema sin resolver en una obra terminada.
Diego Sánchez
