Dr, ¿QUE RESPIRAN LOS RESIDENTES?

CALIMAYA, MÉX. Calimaya ha cambiado. En los últimos años, el municipio ha experimentado un importante crecimiento habitacional con la llegada de fraccionamientos y desarrollos residenciales dirigidos, en buena medida, a familias de clase media y alta que encontraron en esta zona una alternativa para establecer su patrimonio.
Casas, privadas, áreas comunes y desarrollos que ofrecen tranquilidad y calidad de vida forman parte de la nueva imagen de algunas zonas del municipio.
Pero existe una realidad que contrasta con esa imagen.
Habitantes de distintos desarrollos residenciales han manifestado su inconformidad por los fuertes y desagradables olores que, aseguran, perciben de manera cotidiana y que atribuyen al tiradero de basura ubicado en el municipio.
La inconformidad llegó a las calles.
La semana pasada, vecinos se manifestaron públicamente para exigir atención al problema. Entre las consignas pudieron observarse reclamos relacionados con el cierre del tiradero y los malos olores que padecen.
Sin embargo, para El Editorialista la discusión no debería terminar únicamente en si el olor es agradable o desagradable.
Hay una pregunta mucho más importante:
¿QUÉ ESTÁN RESPIRANDO?
Un mal olor puede convertirse en una molestia permanente y afectar la calidad de vida, pero determinar si existe además un riesgo para la salud requiere estudios, mediciones y análisis que permitan conocer qué sustancias se encuentran en el aire y en qué concentraciones.
Por ello resulta necesario saber si en las zonas habitacionales cercanas se realizan monitoreos de calidad del aire, qué parámetros se analizan, cuáles han sido sus resultados y si existe algún estudio que permita descartar o advertir riesgos para la población.
No se trata de afirmar, sin evidencia científica, que el tiradero esté enfermando a los habitantes.
Se trata precisamente de preguntar y medir para saberlo.
Y aquí aparece una circunstancia particular en Calimaya.
El presidente municipal es médico de profesión, una formación que inevitablemente vuelve todavía más pertinente una pregunta que los habitantes tienen derecho a formular a su autoridad:
Doctor, ¿qué respiran los residenciales?
Porque quienes adquirieron una vivienda en estos desarrollos no compraron solamente paredes, metros cuadrados o áreas comunes.
Compraron un lugar para vivir.
Un espacio para abrir las ventanas, salir al jardín, caminar con sus hijos y desarrollar su vida cotidiana.
Y cuando el ambiente exterior se convierte, según denuncian los propios habitantes, en una fuente permanente de olores desagradables, el problema deja de ser solamente inmobiliario o de imagen urbana.
Se convierte también en una pregunta de calidad de vida y salud pública.
El crecimiento residencial de Calimaya obliga además a mirar hacia adelante.
Si cada vez existen más viviendas y mayor población alrededor de determinadas zonas del municipio, también deberá existir mayor vigilancia ambiental, planeación urbana y certeza sobre las condiciones en las que viven quienes decidieron establecer ahí su patrimonio.
La manifestación de la semana pasada puso el problema frente a los ojos de todos.
Ahora falta algo más importante:
ponerle datos.
¿Qué genera esos olores?
¿Qué sustancias están presentes en el aire?
¿Existen mediciones recientes?
¿Hay monitoreo permanente?
¿Las autoridades pueden garantizar que no existe un riesgo para la salud de quienes viven en los alrededores?
Las respuestas no deberían quedarse en percepciones, discursos políticos o declaraciones.
Deben sustentarse en estudios.
Porque una cosa es saber que huele mal.
Otra, mucho más importante, es saber qué se está respirando.
Doctor, la pregunta está sobre la mesa.
Usted, amigo lector, tiene la última palabra.
Mónica Moreno

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