Tenango del Valle
Indignación en Tenango del Valle.

La tranquilidad de los vecinos de Tenango del Valle ha sido abruptamente interrumpida por un proyecto de obras públicas que, lejos de traer bienestar, ha encendido una ola de indignación y protesta en diversas colonias del municipio. Lo que inicialmente fue anunciado como un “simple cambio de tuberías” se ha convertido en una imposición autoritaria que carga con nuevos costos a la ciudadanía y deja al descubierto una preocupante falta de transparencia y diálogo por parte de las autoridades municipales, encabezadas por el presidente municipal.
Según denuncias de vecinas y vecinos, la instalación obligatoria de medidores de agua, cuyo costo asciende a 6 mil pesos por inmueble, fue comunicada de manera deficiente, sin información clara, sin consulta previa y sin el más mínimo respeto al derecho de la comunidad a estar informada y participar en decisiones que afectan directamente su economía y su entorno.
La gravedad del asunto no radica únicamente en la ejecución de la obra, sino en la manera autoritaria y cerrada en que ha sido manejada. De acuerdo con los testimonios difundidos públicamente, esta información jamás fue comunicada desde el inicio. No hubo consulta vecinal, no se realizó una asamblea informativa, y fue hasta que comenzaron los trabajos que la comunidad se enteró, obligando a algunas personas a cerrar calles como acto desesperado para obtener explicaciones. Mientras tanto, el presidente municipal ha optado por el silencio. No ha dado la cara a la ciudadanía, no ha ofrecido un foro público para aclarar dudas, y su única respuesta ha sido esconderse tras un boletín justificativo que, lejos de resolver, alimenta la frustración de los habitantes. Este tipo de acciones pone en evidencia un profundo desprecio por la participación democrática y por los principios básicos de un gobierno que se dice cercano a la gente. Las decisiones unilaterales, tomadas sin consulta ni rendición de cuentas, atentan contra el tejido social del municipio y representan una forma de gobernar que remite más a prácticas autoritarias que a una administración moderna y sensible.
“El progreso no puede imponerse”, afirman los vecinos en un contundente comunicado. Exigen, con toda razón, transparencia total en el proyecto, la suspensión inmediata de las obras hasta que se escuche a la comunidad, y que se convoque a una audiencia pública donde se expliquen los costos, el impacto y las razones detrás de esta medida.
Resulta inaceptable que en un contexto económico tan adverso como el que viven miles de familias mexicanas, se pretenda imponer un costo adicional de 6 mil pesos por la instalación de un aparato que ni siquiera solicitaron. La arbitrariedad de esta medida deja fuera de toda lógica el principio de equidad, pues muchas familias simplemente no tienen la capacidad para asumir este tipo de gastos inesperados y no consensuados. La opacidad con la que se está manejando el proyecto abre dudas legítimas sobre si este intento de modernización no encubre, en realidad, un negocio lucrativo disfrazado de obra pública. ¿Quién está ganando con estos medidores?, ¿qué empresa fue contratada?, ¿hubo licitación pública?, ¿por qué no se hizo una socialización del proyecto?
Estas preguntas, que deberían haber sido resueltas antes de iniciar los trabajos, permanecen sin respuesta. Y el hecho de que el propio presidente municipal no dé la cara solo acrecienta las sospechas.
La lucha de los tenanguenses no es un capricho. Es un grito de hartazgo ante una administración que actúa de espaldas al pueblo. No están en contra del agua, ni del desarrollo. Están en contra de la imposición, la negligencia informativa y el abuso económico.
Este momento representa una oportunidad para que la ciudadanía de Tenango del Valle se una, se informe y exija rendición de cuentas. Porque un gobierno que no escucha, que impone y que cobra sin consultar, no merece seguir al frente. La ausencia del presidente municipal en este conflicto es, en sí misma, una muestra de su desprecio por el pueblo que lo eligió. Su silencio se interpreta como complicidad, su falta de empatía como ineptitud, y su negativa a abrir espacios de diálogo como una traición a los principios democráticos.
Uriel Rosales