Almoloya de Juárez
Sheriff de Chocolate.

En Almoloya de Juárez, las tradiciones parecen ser más peligrosas que los delitos. O al menos así loentiende el presidente municipal Adolfo “Chiquillo” Solís, quien decidió desplegar a la policía municipal y aProtección Civil como si la 16ª Tradicional Cabalgata encabezada por el exalcalde Óscar Sánchez García fuerauna invasión.En lugar de vigilar calles, atender emergencias o, mínimo, tapar un bache, los uniformados tuvieronque convertirse en vallas humanas para detener caballos. Sí, en Almoloya la estrategia de seguridad no escontra ladrones, sino contra jinetes.
De acuerdo con los inconformes, la orden no fue un malentendido: fue un acto autoritario de manual.En pocas palabras, en Almoloya sí hay policías, pero solo sirven para escoltar el ego del alcalde.Por si esto fuera poco, circula un video donde aparece el supuesto director de Servicios Públicosintimidando a los ciudadanos. Lo curioso es que, al intentar confirmar su identidad en la página oficial delAyuntamiento, la transparencia se convierte en un chiste: el sistema devuelve un elegante “Error”.
Ya ni elinternet aguanta las ocurrencias del gobierno local.Para los ciudadanos, este episodio no fue solo un atropello a la cabalgata, sino un insulto directo a suidentidad y costumbres. Pero mientras el pueblo busca preservar su historia, “Chiquillo” Solís pareceobsesionado con prohibir, bloquear y controlar. Un sheriff sin pistola, pero con mucho berrinche.Al final, lo que quedó claro es que ni retenes ni órdenes de pánico detendrán las tradiciones deAlmoloya.
Porque mientras el alcalde se dedica a amurallar caballos, los ciudadanos siguen demostrando quela dignidad y la cultura pesan más que cualquier capricho presidencial.
Luis Garduño.