Xalatlaco
Carretera Fantasma

En Xalatlaco ya no hay caminos transitables ni discursos creíbles, el presidente municipal Abel Flores Guzmán vuelve a quedar exhibido, esta vez por mentir descaradamente sobre la reparación de la carretera Xalatlaco–Coatepec, una obra que, según él, ya estaba concluida, pero que los vecinos aseguran sigue hecha pedazos.
Los habitantes no se tragaron el cuento, denuncian que la supuesta rehabilitación es puro maquillaje político y que los fondos asignados a la obra desaparecieron misteriosamente.
Los vecinos, cansados de las mentiras y los desvíos, exigen una auditoría independiente y la intervención de las autoridades estatales para revisar a dónde fue a parar el dinero público que debía pavimentar el progreso de la región.
Pero lo de Abelito Flowers no es un hecho aislado, las quejas se acumulan por obras inconclusas, gastos opacos y proyectos fantasmas. La administración actual ya huele a negligencia institucional y corrupción sin freno.
Porque cuando un presidente municipal miente, oculta y roba la confianza del pueblo, no solo destruye calles: destruye la credibilidad y la dignidad de un municipio entero.
Abelito puede seguir negándolo, pero las calles lo gritan más fuerte que cualquier boletín oficial, el verdadero derrumbe no está en la carretera, está en su gobierno, porque se ha convertido en el símbolo perfecto de la desvergüenza política: promete obras que no existen, presume logros que nadie ve y calla cuando la verdad lo alcanza.
Hoy Xalatlaco no necesita más excusas, necesita justicia, porque si hay algo que este politiquillo ha pavimentado bien, es su camino hacia el descrédito, la desconfianza y la indignación ciudadana.
Si gobernar es servir, este ha sido un pésimo servidor, y si mentir es su única obra visible, entonces ya debería estar inaugurando el monumento a su propia incompetencia.
Diego Sánchez