Xalatlaco
Pueblo harto del poder podrido

En Xalatlaco, el 2 de noviembre no solo se honró a los difuntos, también se les hizo espacio a los abusos vivos que se niegan a morir, mientras las familias llegaban al panteón con flores y velas, la directora de Desarrollo Social, Mayra Ordóñez, apareció entre los puestos del tradicional tianguis de Día de Muertos como si fuera a supervisar, pero más bien fue a espantar a los vivos.
Según cuentan los propios comerciantes, su presencia se sintió como aire frío de panteón, gritos, órdenes y miradas de desprecio, todo bajo la vieja receta del “yo mando, ustedes obedecen”, no faltó quien soltara entre dientes, “Ya llegó la que se siente dueña del pueblo”,y es que no era la primera vez que la funcionaria dejaba su huella, ni mucho menos la primera queja por su autoritarismo disfrazado de organización.
Dicen que fue el colmo de la prepotencia, que llegó a poner orden, pero terminó repartiendo desagrado, los comerciantes, cansados de su actitud, aseguran que Mayra Ordóñez se siente intocable, protegida por el manto político del presidente municipal Abelito Flowers, quien como siempre miró para otro lado, mientras su esbirra se paseaba entre los puestos como si fiscalizara almas y no tianguistas.
En Xalatlaco, cada vez son más los que aseguran que el gobierno de Abelito se mareó con el poder, que mientras los servicios públicos se deterioran, el alcalde y su equipo se dedican a posar para la foto y presumir logros a medias, y que Mayra Ordóñez, lejos de ser el rostro social del municipio, se convirtió en el símbolo del abuso institucional.
Pero la paciencia tiene fecha de caducidad, y en Xalatlaco ya se está venciendo, la molestia crece, y algunos dicen que se le van a ir a manifestar afuera del ayuntamiento o incluso hasta lerdo a exigir revocación de mandato porque después de su primer periodo y ahora a un par de meses para cumplir un año del segundo, la gente de su municipio ya no lo quiere.
Pero parece que en la presidencia nadie escucha, allá adentro solo resuena el eco de los aplausos entre ellos mismos, mientras afuera el pueblo, los observa con la misma desconfianza con la que se mira a un político que promete y nunca cumple.
Así, entre tumbas y abusos, quedó claro que en Xalatlaco los muertos descansan… pero los vivos están hartos, y si Abelito no pone orden en su propio gabinete, el pueblo terminará haciéndolo por él, pero como siempre, usted tiene la última palabra amigo lector.
Diego Sánchez