Tenango del Valle

El drenaje gourmet

En Tenango del Valle, el drenaje ya no sabe si llorar o pedir vacaciones. Ahora resulta que además de soportar las lluvias, también tiene que tragarse las “sobras” del rastro local. Sí, tal cual: desechos van directo al sistema de drenaje, como si fuera un gran basurero subterráneo. Y mientras tanto, el presidente municipal, Roberto Bautista, parece no escuchar el clamor ni el olor de una red sanitaria que ya no da más.
Porque el problema no está en los tubos, sino en la costumbre. Cambiar tuberías no servirá de nada si el rastro sigue arrojando sus desperdicios sin control, como si la ciudad tuviera una planta mágica que desaparece la suciedad. Aquí no se necesita tanto presupuesto, sino voluntad para supervisar y aplicar reglas. Pero claro, eso implica ensuciarse los zapatos y asumir responsabilidades, algo que, al parecer, pocos se animan a hacer.
Y es que el drenaje no miente. Cuando el agua empieza a brotar de las alcantarillas y las calles se llenan de ese inconfundible “perfume de progreso”, el pueblo sabe que los discursos no desazolvan nada. Cada temporada de lluvias, la historia se repite: colapsos, malos olores y promesas recicladas que se van por el mismo tubo.
Lo más triste es que mientras el municipio anuncia “obras de mejora”, nadie vigila lo que verdaderamente causa el desastre. El rastro sigue operando sin el mínimo control ambiental, arrojando toneladas de residuos que terminan en el drenaje que ya de por sí apenas respira. No hay estudios, no hay soluciones, y mucho menos sanciones.
¿Será que el alcalde Bautista no se ha dado cuenta de que su drenaje se está ahogando? O peor aún, ¿ya lo sabe y simplemente prefiere dejarlo fluir? Porque en Tenango, los problemas no se solucionan: se diluyen. Solo que en este caso, se diluyen con tripas.
La ciudadanía ya no espera milagros, solo que las autoridades hagan su trabajo con la seriedad que merece. Supervisar el rastro, sancionar el descontrol y evitar que el drenaje siga funcionando como triturador municipal debería ser una prioridad, no una ocurrencia.
Mientras tanto, el drenaje seguirá siendo testigo silencioso del desinterés oficial, tragando los desechos de un sistema que no sabe depurarse. Y aunque el agua baje sucia, la conciencia del gobierno parece aún más turbia.
A lo mejor los desechos viajan hasta Italia donde está su hijo y su nuera.
Uriel Rosales

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