Almoloya de Juárez
“El sueño de los justos”

En Almoloya de Juárez, donde la transparencia duerme el sueño eterno y la austeridad se volvió un cuento de hadas, ahora resulta que los servidores públicos también aprovechan para soñar… pero literalmente.
Una imagen que circula en redes sociales muestra a un presunto funcionario del Ayuntamiento tomando una siesta en horario laboral. El protagonista, recostado en su silla, parece más cómodo que en un hotel de descanso. Frente a él, una botella vacía y una computadora apagada completan la postal del “servicio público al estilo Almoloya”: cero productividad, cien por ciento confort.
El retrato del momento se ha vuelto viral, no solo por la gracia involuntaria del dormilón, sino porque resume mejor que cualquier informe lo que ocurre en el gobierno de Adolfo “Chiquitin” Solís: un ayuntamiento donde la ineficiencia se disfraza de cansancio y la irresponsabilidad se justifica con sueño acumulado.
Mientras las calles siguen rotas, las comunidades olvidadas y los ciudadanos pagan impuestos por servicios que no llegan, en las oficinas municipales parece que lo único que funciona sin interrupciones es la siesta institucional.
Y no es casualidad. Si en el palacio municipal reina el silencio y la opacidad, ¿cómo no iba a llegar también la somnolencia? No hay transparencia, no hay resultados, no hay rendición de cuentas… pero sí hay sueño. Mucho sueño.
Lo paradójico es que, en la narrativa oficial, el alcalde “Chiquitin” Solís se presenta como ejemplo de trabajo constante y cercanía con la gente. Pero la imagen viral muestra otra cosa: un gobierno literalmente dormido, que prefiere cerrar los ojos ante la realidad y abrir la boca solo para bostezar.
Almoloya de Juárez parece ser el único municipio donde los servidores públicos cobran por soñar con un mejor gobierno. Y mientras los ciudadanos enfrentan calles intransitables, basura sin recoger y oficinas sin atención, los burócratas del “Chiquitin” Solís perfeccionan el arte del descanso con sueldo.
En el manual no escrito del ayuntamiento, la productividad quizá se mida en minutos de siesta y no en obras entregadas. Porque si algo ha demostrado este gobierno es que el lema municipal podría resumirse así:
“Dormir sirve… aunque no sirvas.”
Y así, entre bostezos y cheques puntuales, el “Chiquitin” Solís sigue demostrando que en Almoloya, la austeridad no es solo económica: también es moral, ética y laboral.
Un municipio donde la transparencia se esconde, la pobreza se ignora y el trabajo… se sueña. Luis Garduño