Ocoyoacac
Mi carnal no se toca

En Ocoyoacac la política dejó de ser una institución hace tiempo; hoy parece más bien un árbol genealógico torcido, donde todos los caminos llevan al mismo apellido y los mismos tropiezos. Ahora, el ex presidente municipal Samuel Verdeja Ruiz se prepara para enfrentar una audiencia por violencia contra la libertad de prensa y abuso de autoridad, una noticia que cayó como piedra… pero que sorprende a pocos. Después de todo, el comportamiento prepotente ya se había vuelto parte del paisaje cuando él ocupaba el cargo.
Pero el detalle picante no es sólo el proceso judicial; es el parentesco. Samuel es medio hermano de la actual presidenta municipal, Nancy Valdez Ruiz, quien llegó al gobierno con promesas de renovación y seriedad, pero que ha terminado protagonizando una gestión que parece más un taller de improvisación que una administración pública.
Lo que antes era desorden ahora es desorden con sello oficial.
Mientras Samuel afina argumentos ante la justicia, en el municipio corre el comentario:
¿Será esta la temporada en la que la familia vuelve a meter mano en los asuntos del poder… o será sólo otro capítulo del desorden habitual?
Las comparaciones son inevitables. Por un lado, tenemos a un ex presidente que dejó huellas de autoritarismo y ahora enfrenta cargos formales. Por el otro, una presidenta que ha demostrado que la brújula administrativa, si alguna vez existió, se perdió desde el primer mes.
En lo que va de su gestión, Nancy Valdez ha acumulado quejas, retrasos, fallas operativas y decisiones dudosas que han dejado a los ciudadanos preguntándose si gobierna o si apenas se mantiene sobreviviendo entre tropiezos.
Y en medio de ese desastre operativo ahora aparece el caso judicial del hermano.
La pregunta que muchos no dicen en voz alta, pero todos piensan, es sencilla:
¿Usará la presidenta su poder para intentar “allanar” el camino de Samuel?
Porque en Ocoyoacac ya se conocen esas historias. No sería la primera vez que, cuando los problemas aprietan, el poder municipal se convierte en una banca familiar donde cada quien se sienta a pedir favores.
Y considerando la fragilidad por no decir evidente torpeza con la que Nancy ha llevado su mandato, la posibilidad de que intente echarle una mano a su hermano no suena tan descabellada en el imaginario público.
La situación, en vez de fortalecer a la administración, la deja más expuesta que nunca.
Mientras Samuel enfrenta cargos por violentar la libertad de prensa, el gobierno actual parece batallar incluso para sostener la impresión de orden.
Si la ciudadanía ya dudaba de la capacidad de la presidenta, esta coincidencia familiar no hace más que aumentar la sombra de sospechas y burlas que rodean al palacio municipal.
Al final, lo que debería ser un proceso legal claro se ha convertido en un espejo incómodo que refleja el verdadero estado de Ocoyoacac: un municipio donde los problemas internos se acumulan, donde la gestión actual patina todos los días y donde las relaciones familiares, lejos de fortalecer, parecen convertirse en un lastre público.
Ocoyoacac ya vivió un gobierno Verdeja con abusos. Hoy vive un gobierno Valdez con caos.
Y ahora, con ambos apellidos en la mesa, los ciudadanos temen que la historia se vuelva a repetir… o que esta vez la familia quiera cerrar filas para protegerse entre sí.
Mientras el pueblo espera respuestas, la administración sigue tambaleándose.
Y la familia, una vez más, acapara los reflectores.
Uriel Rosales