Mexicaltzingo
2 millones 400 mil de nómina

En Mexicaltzingo, donde los problemas reales sí existen, pero las soluciones brillan por su ausencia, la presidenta municipal Saray Benítez Espinoza sigue creciendo, pero únicamente en nómina.
Porque mientras el municipio permanece igual que siempre sin grandes obras, sin modernización y sin avances que realmente le cambien la vida a la gente la alcaldesa cobra como si estuviera al frente de Toluca, capital del Estado de México, y no de un municipio con apenas 15 mil habitantes.
El tabulador oficial del Ayuntamiento revela algo que ni el mejor discurso institucional logra maquillar: Saray se embolsa de nómina aproximadamente 2 millones 400 mil pesos, una cifra que ni de lejos coincide con el tamaño, los retos ni los resultados del municipio y por si la cifra ya fuera ofensiva por sí sola, el desglose es todavía más descarado, 2 meses de aguinaldo 252 mil 458 pesos, 2 meses de vacaciones 252 mil 458 pesos, 1 mes de prima vacacional 126 mil 229 pesos, 1 mes de gratificación 126 mil 458 pesos, 1 mes de bonos 126 mil 458 pesos, esto dando un total 19 meses contado los 12 meses de sueldo anual de 1 millon 514 mil 748 pesos, sumando todo esto nos da una nómina total de aproximadamente 2 millones 400 mil pesos.
En resumen, Saray gana como si administrara un municipio seis veces más grande, con un presupuesto seis veces mayor y con resultados seis veces mejores, pero nada de eso existe.
Porque mientras sus ingresos viven en modo Deluxe, Mexicaltzingo sigue padeciendo servicios irregulares, obras invisibles y una administración que presume austeridad únicamente cuando se trata del pueblo, nunca cuando se trata de sí misma.
La incongruencia es tan grande que parece chiste, salvo que aquí el único que no se ríe es el ciudadano que paga impuestos sin ver reflejo alguno en su comunidad.
Y es que no hay forma de justificar semejante sueldo en un municipio donde las calles siguen igual, donde los servicios públicos avanzan a cuentagotas y donde las autoridades se sienten cómodas cobrando, pero extrañamente alérgicas a rendir cuentas, para colmo, mientras Mexicaltzingo batalla por atender necesidades básicas, la presidenta se asigna prestaciones dignas de ejecutiva metropolitana, cobrar como Toluca, gobernar como Mexicaltzingo, entregar resultados como, nadie sabe.
Porque aquí está el punto medular, esto no cuadra, no empata, no tiene sentido.
Un municipio pequeño, con un presupuesto limitado y una población que se parte la espalda para salir adelante, no puede sostener salarios de fantasía que parecen inventados por alguien que nunca ha recorrido sus propias calles y mientras el Ayuntamiento guarda silencio porque para eso sí son eficientes la percepción ciudadana crece, que en Mexicaltzingo hay quienes trabajan y quienes solo cobran como si lo hicieran.
A final de cuentas, Saray Benítez Espinoza ha logrado lo impensable: convertir a Mexicaltzingo en un municipio donde la nómina vive en otro planeta y donde el Cabildo, lejos de dar resultados, se aferra a las prestaciones como náufrago a una tabla. Y mientras el pueblo espera soluciones, la presidenta sigue cobrando como si dirigiera la capital del Estado.
Porque en Mexicaltzingo la austeridad es para abajo, la opacidad para arriba y el dinero público, para quien firma la quincena.
Y si alguien se pregunta por qué el municipio no avanza, la respuesta es sencilla, cuando el sueldo pesa más que el servicio, el gobierno deja de caminar y empieza a hundirse, y aquí, quien sí flota en dinero es la presidenta, el municipio, en cambio, sigue esperando que algún día se gobierne con la misma energía con la que se cobra.
Diego Sánchez