Xalatlaco
Presidente de cuentos, no de resultados

En Xalatlaco ya no se gobierna, se improvisa, lo que debería ser una administración municipal se ha convertido en una tragicomedia permanente encabezada por Abelito Flowers, un presidente que confunde rendición de cuentas con cuentos mal contados y autoridad con silencio cómplice, su gestión no solo está desconectada de la realidad, vive abiertamente de espaldas a ella, entre informes fantasiosos, patrullas descontroladas y ciudadanos abandonados, el municipio avanza, pero directo al colapso.
El tan anunciado informe de gobierno no fue más que la confirmación pública de un gobierno que se inventa a sí mismo, Abelito presumió logros invisibles, avances inexistentes y una versión de Xalatlaco que solo cabe en su discurso, afuera del recinto, la realidad es otra: calles olvidadas, seguridad ausente y una población que ya no cree ni aplaude por convicción, sino por cansancio, el informe no informó nada; maquilló todo.
Pero mientras el alcalde juega a gobernar desde el micrófono, la calle expone lo que su narrativa intenta esconder, una patrulla municipal atropella a un motociclista y, en lugar de auxiliarlo, intenta huir, vecinos tienen que intervenir para evitar la fuga, el mensaje es brutal: en Xalatlaco, la policía no protege, atropella, no responde, escapa, y como ya es costumbre en esta administración, el Ayuntamiento guarda silencio, como si callar fuera política pública.
Este hecho no es aislado, es síntoma, se suma a una larga cadena de omisiones, abusos y descontrol de una policía municipal sin supervisión, sin consecuencias y sin vergüenza, en Xalatlaco, ver una patrulla ya no tranquiliza, alerta, la autoridad se convirtió en riesgo y el uniforme en sinónimo de impunidad, nadie investiga, nadie da la cara, nadie responde, gobernar, para Abelito Flowers, parece significar esconderse hasta que el escándalo pase.
El problema de fondo es claro, Abelito Flowers perdió toda conexión con su pueblo, no escucha, no corrige y no asume responsabilidades, su administración se sostiene a base de discursos inflados, silencios estratégicos y una alarmante normalización del caos, aquí no hay liderazgo, hay evasión, no hay gobierno, hay simulación, no hay rumbo, hay ocurrencias.
Xalatlaco no tiene un presidente municipal, tiene un narrador de ficción, uno que escribe cuentos donde él es el héroe, mientras en la vida real la gente esquiva patrullas, mentiras y atropellos, Abelito Flowers puede seguir hablando de un municipio que solo existe en su cabeza, pero en las calles ya nadie le cree el guion, nadie le compra la historia y, mucho menos, nadie confía en un gobierno que corre más rápido cuando se equivoca que cuando debe responder, porque cuando un presidente gobierna desde un mundo paralelo, la realidad termina cobrando factura y en Xalatlaco, esa factura ya es impagable.
Diego Sánchez