Almoloya de Juárez
Patrullas privadas

En Almoloya de Juárez la seguridad pública parece haber encontrado una nueva función: servir como valet parking y escolta privada de eventos particulares, mientras la ciudadanía aprende, otra vez, que pedir apoyo policial puede ser más complicado que encontrar una patrulla estacionada donde sí debería estar.
Vecinos denunciaron que elementos de la policía municipal fueron captados utilizando una patrulla oficial para cubrir una fiesta privada, estacionándose de manera indebida y dando exactamente el ejemplo contrario al que deberían representar. Porque claro, las reglas de tránsito parecen aplicar únicamente para los ciudadanos… nunca para quienes portan uniforme.
Las imágenes difundidas muestran unidades oficiales ocupando la vía pública sin el menor cuidado ni respeto por la normativa que ellos mismos están obligados a hacer cumplir. Y la pregunta surge sola: ¿también se levantarán infracciones entre ellos o esa parte del reglamento viene con excepción institucional incluida?Habitantes del municipio señalan que esta situación no sorprende.
Afirman que cuando se trata de emergencias reales, robos o llamados de auxilio, las patrullas simplemente no aparecen o llegan cuando todo ya terminó. Pero cuando hay celebraciones privadas, curiosamente la presencia policial resulta inmediata, puntual y hasta cómoda.
Así, la seguridad pública en Almoloya parece
operar bajo un nuevo modelo: servicio limitado para la ciudadanía y disponibilidad total para compromisos sociales selectivos.
Una estrategia innovadora donde la prevención del delito pasa a segundo plano, mientras el protagonismo se lo llevan las patrullas convertidas en decoración urbana.
Las críticas también alcanzan directamente a la administración municipal encabezada por Adolfo “Chiquitín” Solís, a quien vecinos acusan de permitir una corporación más preocupada por quedar bien en eventos particulares que por garantizar orden y seguridad en las calles.
Porque cuando la autoridad normaliza el abuso, el mensaje institucional es claro: la ley es flexible… dependiendo de quién la viole.
El problema ya no es solo una mala decisión individual, sino la percepción de una policía sin supervisión real y un gobierno municipal que parece enterarse de los abusos únicamente cuando estos ya circulan en redes sociales.
Y mientras los ciudadanos esquivan inseguridad, abandono y falta de atención, las patrullas siguen demostrando que en Almoloya de Juárez sí hay cobertura policial, siempre y cuando la emergencia incluya música, invitados y celebración privada.
Porque al final, en el municipio gobernado por “Chiquitín”, la prioridad parece evidente: la fiesta no puede quedarse sin vigilancia, aunque el pueblo sí.
Lorena Roca