Portadas

Más Ingobernabilidad

Lo que inició como una protesta de comerciantes terminó exhibiendo, sin filtros ni maquillaje institucional, el profundo desgaste político que atraviesa el Ayuntamiento de Tenancingo, donde la inconformidad social ya no se murmura en privado, sino que se grita en las calles, comerciantes locales marcharon para denunciar presuntas irregularidades, abusos administrativos y un trato que, lejos de ser institucional, aseguran ha sido hostil, selectivo y convenientemente autoritario desde el área de Gobernación encabezada por Guillermina Cruz, convertida, según los inconformes, más en oficina de presión que de mediación.
La movilización avanzó hasta convertirse en lo inevitable cuando un gobierno deja de escuchar: el bloqueo de la carretera TenancingoTenango, tráfico detenido, ciudadanos varados y un municipio paralizado fueron la postal perfecta de una administración incapaz de contener un conflicto que llevaba tiempo cocinándose, porque cuando una protesta escala hasta cerrar una vía regional, ya no se trata de comerciantes inconformes, sino de una autoridad que perdió la capacidad de gobernar antes incluso de darse cuenta.
Mientras los manifestantes exigían diálogo y condiciones justas para el comercio local, el Ayuntamiento optó por su estrategia favorita, el silencio, ninguna respuesta inmediata, ningún acercamiento visible y ninguna señal de liderazgo político, la ausencia institucional no calmó los ánimos; los incendió, en Tenancingo, al parecer, la política de reacción consiste en esperar a que el problema crezca lo suficiente para que ya sea imposible resolverlo sin escándalo.
Horas después apareció la presidenta municipal, Nancy Nápoles Pacheco, pero no para tender puentes, sino para repartir culpas, a través de redes sociales, el nuevo cabildo virtual donde todo se explica y nada se resuelve, aseguró que muchos comerciantes no pagan y que algunos ocupan espacios gracias a “favores políticos”, una declaración que, lejos de aclarar el conflicto, abrió una contradicción monumental, si eso era cierto, entonces la pregunta no es sobre los comerciantes, sino sobre quién permitió durante años ese supuesto desorden administrativo, porque la omisión también gobierna y también tiene firma.
El mensaje oficial sonó más a regaño que a solución, más a defensa personal que a liderazgo. Culpar a los inconformes puede funcionar en un video, pero difícilmente en una carretera bloqueada, y así, el gobierno municipal pasó de ser árbitro del conflicto a protagonista del problema, confirmando la percepción de un ayuntamiento reactivo, improvisado y profundamente desconectado de la realidad social que dice administrar.
Lo ocurrido no es un episodio aislado, sino el síntoma de una administración que parece gobernar por ocurrencias y justificar por publicaciones, en lugar de prevenir crisis, las provoca; en lugar de negociar, confronta, y cuando finalmente habla, lo hace tarde y mal, porque cuando uno de los sectores económicos más visibles decide tomar las calles para ser escuchado, el fracaso no es del comercio, es del gobierno.
Y así, Tenancingo vuelve a vivir el déjà vu político de siempre, autoridades sorprendidas por problemas que crecieron frente a sus propias oficinas, un ayuntamiento que acusa a la ciudadanía mientras intenta sostener la narrativa de que todo está bajo control, aunque la realidad y el bloqueo digan exactamente lo contrario.
Porque en Tenancingo ya quedó claro algo: cuando el diálogo se reemplaza por transmisiones en redes y la gobernabilidad por explicaciones defensivas, el gobierno deja de conducir la crisis y comienza a correr detrás de ella, y mientras la presidenta aclara por qué salió del Palacio Municipal, la pregunta real sigue flotando entre la gente, si los comerciantes fueron quienes bloquearon la carretera, ¿quién fue el que bloqueó primero el sentido común dentro del Ayuntamiento?
Al final, la administración municipal parece haber descubierto una nueva forma de gobernar: negar el problema, culpar al ciudadano y esperar que el enojo se canse antes que la incompetencia, lástima que en Tenancingo la paciencia social ya se agotó, y esa, a diferencia de los comunicados oficiales, no se puede editar ni borrar.
Daniel Sánchez

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba