Ocoyoacac
Cuando el gobierno se ausenta, el pueblo termina haciendo su trabajo

Cuando una comunidad decide cerrar carreteras, enfrentar a presuntos talamontes y prender fuego a vehículos señalados por los propios habitantes como utilizados para la tala ilegal, el verdadero problema ya no es únicamente el delito ambiental, el verdadero problema es que la ciudadanía dejó de creer que las autoridades harán algo para detenerlo.
Eso fue precisamente lo que ocurrió en San Pedro Atlapulco, donde la desesperación terminó por rebasar la paciencia. Cansados de denunciar durante meses la devastación de sus bosques sin obtener respuestas contundentes, habitantes decidieron actuar por cuenta propia. Una escena que retrata con crudeza lo que sucede cuando el Estado llega tarde… o simplemente nunca llega.
Mientras los pobladores arriesgan su integridad para defender uno de los pulmones naturales más importantes del Valle de Toluca, la administración encabezada por Nancy Valdez Ruiz vuelve a quedar bajo la lupa. Porque la pregunta ya no es únicamente quién está talando los bosques; la verdadera pregunta es ¿dónde estaban las autoridades municipales mientras el problema crecía hasta explotar?
La tala clandestina en la zona no apareció de un día para otro. Vecinos sostienen que durante meses solicitaron la intervención de autoridades municipales, estatales y federales. Sin embargo, la percepción ciudadana es que las respuestas fueron insuficientes o tardías, cuando las denuncias no generan acciones y los bosques siguen desapareciendo árbol por árbol, la confianza institucional también comienza a desplomarse.
El conflicto dejó además severas afectaciones a la circulación en la carretera libre y la autopista México-Toluca, recordando que la falta de atención oportuna no solo tiene consecuencias ambientales, sino también sociales y económicas, lo que pudo atenderse mediante operativos preventivos terminó convirtiéndose en una crisis que afectó a miles de personas.
La administración municipal enfrenta ahora un doble reto: recuperar el control de la seguridad y reconstruir la confianza de una ciudadanía que siente que fue abandonada. Porque cuando un pueblo considera que debe proteger solo su patrimonio natural, el mensaje hacia las autoridades resulta demoledor.
En Ocoyoacac, ese pulmón lleva tiempo pidiendo oxígeno mientras el gobierno parece quedarse sin aire para responder, porque gobernar no consiste únicamente en inaugurar eventos, posar para la fotografía o también implica impedir que el patrimonio natural desaparezca.
Lorena Roca