SE APAGÓ LA FIESTA… VOLVIÓ LA REALIDAD
Tras tres días de celebración por los supuestos 200 años de Almoloya de Juárez, las carencias municipales vuelven a escena; unidades destinadas a prestar servicios permanecen fuera de operación.

Por Mónica Moreno
Tres días hubo música, espectáculos, escenarios y celebración por los supuestos 200 años de Almoloya de Juárez. Terminó la fiesta, se apagaron las luces y para el gobierno de Adolfo Solís Gómez llegó nuevamente el momento de enfrentarse a la realidad cotidiana del municipio.
Una realidad que no necesita escenarios.
De acuerdo con una denuncia ciudadana recibida por El Editorialista, en una bodega permanecen unidades oficiales fuera de operación desde hace más de 15 días. Entre ellas se señalan las unidades 54 y 94, vehículos que deberían encontrarse trabajando para atender las necesidades de la población.
La fotografía proporcionada muestra unidades detenidas dentro de las instalaciones.
Y el contraste resulta inevitable.
Mientras durante jueves, viernes y sábado hubo recursos y organización para celebrar el cuestionado bicentenario de Almoloya, existen servicios públicos que continúan enfrentando deficiencias y equipo municipal que permanece sin trabajar.
Nadie cuestiona el derecho de los almoloyenses a celebrar.
Lo que sí puede cuestionarse es el orden de las prioridades.
Porque después de la música permanecen las calles deterioradas, los problemas de seguridad, las deficiencias en los servicios y las necesidades de comunidades que no pueden esperar a la siguiente fiesta para recibir atención.
Adolfo Solís Gómez puede presumir tres días de celebración. Ahora tendrá que demostrar qué puede hacer durante los restantes 362 días del año.
Gobernar no consiste únicamente en llenar una plaza, contratar espectáculos o encender un escenario.
Gobernar también significa mantener funcionando los vehículos, atender los servicios y resolver los problemas que diariamente enfrentan los ciudadanos.
Por eso, terminada la celebración de los supuestos 200 años, queda una pregunta para el gobierno municipal:
¿Por qué para la fiesta sí alcanzó y para mantener funcionando los servicios aparentemente no?
Se apagaron las luces.
Ahora toca gobernar.
Usted amigo lector tiene la última palabra.