Mexicaltzingo

Mexicaltzingo en el Laberinto del Caos Vial

Amigo lector, lo que ocurre en Mexicaltzingo ya no es una simple molestia ciudadana, es un atropello a la lógica, al sentido común y a la dignidad de un pueblo entero. Resulta que los nuevos sentidos viales impuestos en el municipio parecen más una burla que una medida de organización, y han generado más caos que soluciones.
¿A qué mente brillante se le ocurrió que las calles más anchas fueran de un solo sentido, mientras que las calles estrechas, donde apenas caben dos vehículos, se decretaran de doble circulación? ¿Con qué criterio se tomó esta decisión? ¿Quién diseñó semejante aberración urbana?
Mexicaltzingo es un espacio comercial, de tránsito constante, de intercambio. Y en lugar de mejorar la movilidad, el gobierno municipal ha decidido imponer sentidos sin pies ni cabeza, que más que ordenar, condenan al pueblo al desorden total. Porque hay que decirlo claro: los sentidos viales no se dictan por caprichos ni ocurrencias, se planean con criterio técnico y con la opinión de expertos en movilidad.
En vez de cerrar calles frente a las escuelas para “aparentar” seguridad, lo que se debería implementar es una educación vial real: enseñar a peatones a usar las banquetas, impedir que las motos rebasen por la derecha, sancionar a quienes se estacionan en doble fila y, sobre todo, construir una ciclovía digna y segura, para que padres y madres puedan llevar a sus hijos en bicicleta sin poner en riesgo su vida ni contaminar el medio ambiente.
Pero lo que hoy ocurre es un insulto: si alguien quiere salir a San Isidro ya no puede usar la Insurgentes porque ahora es de sentido contrario, y mientras tanto, todas las calles que van hacia la preparatoria se cierran en horas de clase. ¿El resultado? La calle Guerrero convertida en un embudo infernal, donde ni a pie ni en bicicleta es posible pasar, porque los automovilistas se sienten con derecho de “echar el carro” a quien se atraviese.
La paciencia de Mexicaltzingo se agota. Porque lo que vivimos hoy no es movilidad, es un atropello a la vida cotidiana y a la libertad de tránsito, disfrazado de “ordenamiento vial”. Y lo más grave: es reflejo del abuso de poder y la ineptitud de una presidenta municipal que ha hecho de la improvisación su forma de gobierno.
La pregunta es inevitable: ¿Hasta cuándo seguirá Mexicaltzingo soportando esta dictadura de ocurrencias y caprichos?
Diego Sánchez

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