Xalatlaco

El puente del olvido

En un municipio donde las promesas parecen más sólidas que el asfalto mismo, un vecino decidió levantar la voz ante lo que ya es evidente: el puente principal de Xalatlaco se ha convertido en un laberinto de baches que amenaza la seguridad de conductores y peatones por igual.
La denuncia, refleja un hartazgo ciudadano que va más allá de la infraestructura: la sensación de indiferencia absoluta por parte del gobierno municipal encabezado por Abel Flores Guzmán. Reportes acumulados, fotografías que no dejan lugar a dudas y avisos reiterados al Ayuntamiento parecen no haber sido suficientes para mover un martillo o un camión de asfalto.
El contraste entre la propaganda oficial y la realidad es casi cómico. Mientras el municipio presume “gestión eficiente” y “atención a la ciudadanía”, los habitantes sortean los baches como si fueran obstáculos de un juego extremo. La ironía no pasa desapercibida: mientras en redes se muestran logros que parecen de película, en la vida real los ciudadanos atraviesan un puente que es todo menos seguro.
La denuncia también señala un mal que va más allá del concreto agrietado: la apatía generalizada. Muchos aceptan la situación con resignación, otros se indignan, pero todos coinciden en que la gestión parece priorizar el marketing antes que los resultados. El puente no es solo un problema vial, es un símbolo del desdén municipal.
Hasta el momento, el Ayuntamiento no ha ofrecido ninguna respuesta oficial, y los expertos advierten que el retraso en la reparación puede derivar en accidentes graves. Mientras tanto, la ciudadanía espera que esta denuncia sea más que un grito en el vacío, y que el gobierno recuerde que la gestión pública no se sostiene con fotos ni comunicados: se sostiene con acciones concretas. En Xalatlaco, el puente ya no conecta solo calles: conecta la paciencia de los ciudadanos con la indiferencia de quienes deberían gobernar. Y por lo visto, esa distancia sigue aumentando… bache tras bache.
Diego Sánchez

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