Zinacantepec

Fortamun millonario, seguridad en ruinas

En Zinacantepec el dinero fluye, pero la seguridad se evapora. El municipio gobernado por Manuel “Chapatin” Vilchis Viveros presume para este 2025 un presupuesto del Fondo de Aportaciones para el Fortalecimiento de los Municipios (Fortamun) de más de 89 millones de pesos. Sí, ochenta y nueve millones que, según los documentos oficiales, deberían traducirse en más patrullas, policías mejor equipados y una estrategia de seguridad sólida. Pero en la práctica, el único fortalecimiento visible es el de la delincuencia, que actúan con total libertad mientras la policía, al parecer, sigue en “modo avión”.
Porque si el Fortamun fuera sinónimo de resultados, Zinacantepec sería hoy un ejemplo de orden y tranquilidad. Pero basta con abrir cualquier red social o hablar con cualquier vecino para notar la ironía: la inseguridad no sólo persiste, sino que crece a ritmo de presupuesto.
En los últimos días, el municipio volvió a protagonizar escenas dignas de pelicula de policías y ladrones, aunque aquí no hay actores, sólo víctimas reales. En Santa María del Monte, un ciudadano fue interceptado por  tipos armados que intentaron  despojarlo de su camioneta.
Logró escapar, pero poco después otro video mostró un nuevo ataque: un padre y su hijo fueron bajados a punta de pistola por delincuentes que actuaron con la calma de quien sabe que nadie los va a detener.
Y como si fuera poco, dos custodios de una empresa privada fueron asesinados mientras trasladaban 150 mil pesos en efectivo. Los agresores huyeron tranquilamente, sin que hubiera detenidos ni respuestas, sólo el silencio de siempre.
Mientras tanto, la Policía Municipal luce rebasada, desorganizada y desmotivada. Su titular, Héctor Osorno, se dedica a maquillar cifras y sonreír en los reportes oficiales, como si el Excel pudiera sustituir los patrullajes y los resultados. Un funcionario que, dicho sea de paso, ya había sido destituido antes por incapacidad, pero que en este gobierno volvió como si nada. Quizá la estrategia de seguridad consista en reciclar los mismos errores… una y otra vez.
Así, con un Fortamun millonario y una inseguridad desbordada, Zinacantepec se ha convertido en un triste experimento de cómo gastar sin mejorar, invertir sin planear y gobernar sin controlar.
Los ciudadanos viven con miedo, los delincuentes actúan con impunidad y las autoridades, fieles a su costumbre, prefieren culpar al pasado o a “los malos” antes que mirar su propia ineptitud.
Luis Garduño

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