Lerma

“Otra vez los de Tránsito”

Si pensaba que su vehículo estaba más seguro en manos de la autoridad que en la calle… permítanos presentarle a la Dirección de Tránsito de Lerma, donde los autos no se confiscan: se “intervienen quirúrgicamente” hasta dejarlos con más aire que partes útiles.
Y es que en esta institución, ya conocida por su historial de maniobras creativas, algunos elementos parecen haber perfeccionado el arte de la desaparición espontánea de autopartes. De acuerdo con denuncias recientes, los vehículos asegurados no sólo son llevados a resguardo, sino también convenientemente desvalijados. Volantes, estéreos, rines, herramientas, lo que se pueda quitar sin romper mucho… simplemente se esfuma.
¿Y luego? Nada. El ciudadano regresa por su coche días después y se encuentra con una versión económica de lo que alguna vez fue su auto. Y claro, cuando pregunta qué pasó, la respuesta es más absurda que reconfortante: “Así lo trajo la grúa”. Ajá, cómo no.
Pero para los más veteranos en estas tierras mexiquenses, esto no es sorpresa. Porque si algo ha caracterizado a la Dirección de Tránsito local, es su especial talento para tratar a los vehículos ajenos como si fueran piezas de museo… solo que de museo de partes. Ya desde hace años había sospechas sobre prácticas bastante sospechosas, como cuando misteriosamente les quitaban las placas a los autos asegurados sin ninguna justificación clara. No las vendían, no las destruían, simplemente… las quitaban. Por deporte, tal vez. Por costumbre, quizá. Porque sí, probablemente.
Así que lo de ahora robo descarado de piezas de valor no es más que una evolución natural del mismo viejo hábito: si antes sólo quitaban placas, ahora han decidido ser más ambiciosos. El «crecimiento profesional» del ratero institucional.
Lo más increíble, como siempre, es la pasividad con la que se maneja todo desde las alturas. Hasta el momento, ningún responsable ha dado la cara, ni se ha emitido postura alguna. Y uno no sabe si es por cinismo, por miedo, o simplemente porque ya lo ven tan normal que ni vale la pena molestarse. Total, ¿a quién le importa un coche menos con su espejo retrovisor?
Los ciudadanos, por su parte, ya no están indignados: están hartos. Y con razón. Porque si el problema fuera nuevo, se entendería el desconcierto.
Pero esto huele a viejo, a podrido, a sistema con moho. Es como si dentro de la dependencia existiera un manual no escrito titulado: “Cómo aprovechar un corralón sin que te corran… todavía”.
Así que, por precaución, si usted vive en Lerma o transita por ahí, hágase un favor: maneje como si estuviera en examen de manejo con Satanás. Porque si por alguna razón su coche acaba en manos de tránsito, ya no sólo debe preocuparse por el trámite… sino por cuántas piezas le quedarán cuando vuelva.
Y si tiene la suerte de que sólo le quiten las placas, considérese afortunado. Al menos eso ya es parte del “folklore local”
Uriel Rosales

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba