Zinacantepec
“Chapatin y su Patiño”

En Zinacantepec, donde las calles parecen competir con la Luna por ver quién tiene más cráteres y la inseguridad es la mejor organizada del municipio, hay un funcionario que vive en otro planeta: Óscar Bernal Torres, tesorero municipal, quien según datos recabados del Sistema de Información Pública de Oficio Mexiquense (IPOMEX), tiene un sueldo de 91 mil 112 pesos mensuales. Sí, leyó bien, noventa y un mil pesos. Casi lo mismo que el tesorero de Toluca, una capital con más de cinco mil millones de pesos de presupuesto, mientras que Zinacantepec apenas araña los 874 millones.
A primera vista, podría parecer un sueldo razonable… hasta que uno recuerda que esto no es Toluca. Allá, en la capital del Estado de México, el tesorero gana 104 mil 372 pesos mensuales, apenas unos miles más, pero administra un presupuesto de $5,386,124,827. En cambio, Bernal Torres maneja un fondo municipal de apenas $874,314,654.59. Es decir, Toluca tiene seis veces más dinero, pero Zinacantepec paga casi lo mismo. Una lógica brillante, al más puro estilo de la administración de “Chapatin” Vilchis.
Si se hiciera una ecuación simple, el sueldo de Bernal Torres no equivaldría a ganar casi lo mismo que un tesorero de una capital, pero en un municipio donde el dinero público se evapora más rápido que una promesa de campaña. Es el ejemplo perfecto de cómo en Zinacantepec el tamaño del presupuesto no importa, siempre y cuando el cheque llegue puntual.
El tesorero zinacantepequense debería estar contando monedas, no millones. Pero aquí, en el feudo financiero de Manuel “Chapatín” Vilchis, las matemáticas se doblan como varilla en obra pública. Mientras que las calles se iluminan con promesas incumplidas y los ciudadanos financian con sus impuestos el lujo administrativo, el señor Bernal Torres demuestra que la verdadera riqueza está en saber en qué silla sentarse.
Zinacantepec no tiene un aeropuerto, ni macroproyectos, ni desarrollo económico notable… pero tiene un tesorero de lujo. Y aunque el presupuesto no alcance para tapar un bache, sí alcanza y con holgura para mantener el nivel de vida del guardián de las finanzas municipales.
Al final, todo encaja: en un municipio donde el dinero desaparece sin dejar rastro, tener un tesorero con sueldo de capital es casi poético. Porque si algo sobra en Zinacantepec, no es el dinero… es el descaro. Con ese súper sueldo su Patiño, le puede tapar sus peripecias al “Chapatin”
Luis Garduño