Lerma
Impunidad oficial

Vaya joyita de autoridades las que tiene Lerma. Como si no bastaran los baches y las inundaciones, ahora los policías de tránsito se creen parte de una película de acción, pero con el libreto de la impunidad. Según una denuncia ciudadana, los oficiales de tránsito del municipio protagonizaron un nuevo episodio de prepotencia y violencia al detener a una persona, golpearla, amenazarla con arma de fuego y hasta robarle su celular. Todo esto, como buenos “guardianes del orden”.
De acuerdo con el testimonio, el hombre apenas se acercaba a la patrulla cuando uno de los oficiales bajó y sin razón alguna le soltó un golpe en la cara. Acto seguido, vino el forcejeo, los insultos y la típica escena de autoridad desbordada: amenazas de muerte si no se subía a la unidad. Por supuesto, el ciudadano no tuvo ni tiempo de cerrar su camioneta, mientras los uniformados le quitaban el teléfono para que no pudiera comunicarse con nadie. Todo un ejemplo de servicio público.
Pero la historia no termina ahí. Cuando otros testigos intentaron grabar los abusos, los oficiales pidieron refuerzos porque claro, el miedo no anda en burro y llegaron más elementos a “poner orden”, es decir, a amenazar a quienes osaran documentar la escena. Uno de ellos, muy valiente con su placa, advirtió que llevaría presos a todos los “chismosos” por grabar. No faltó la lluvia de groserías y el despliegue de soberbia que parece parte del entrenamiento básico de la policía municipal.
Lo verdaderamente indignante es que este tipo de abusos ya son parte del paisaje en Lerma. Los uniformados hacen y deshacen a placer, sabiendo que la administración municipal mira hacia otro lado. Mientras los ciudadanos temen salir a la calle por los delincuentes, deben cuidarse igual o peor de los propios policías. Porque aquí, la autoridad no protege: golpea, roba y amenaza.
El presidente municipal, Miguel Ramirez Ponce, por supuesto, bien podría responder que “se investigará el caso”, el mismo discurso hueco que repiten cada vez que uno de sus agentes hace de las suyas. Pero la realidad es que Lerma lleva tiempo sumida en una podredumbre institucional donde la policía sirve más como grupo de choque que como cuerpo de seguridad.
Así que sí, los “policías de tránsito” de Lerma ya no regulan la circulación… regulan a golpes. Y mientras sigan teniendo permiso para abusar con total descaro, no habrá semáforo que cambie el color de la vergüenza que hoy cubre a todo el municipio.
Uriel Rosales