Vecinos al mando

La calle Francisco I. Madero, en Chalchihuapan, Tenancingo, no se pavimentó gracias al Ayuntamiento, sino a la cooperación, la paciencia y el coraje de los propios vecinos, que entendieron algo muy simple, si esperan al gobierno, la obra nunca llega.
Cansados de tocar puertas y recibir silencio, los habitantes decidieron hacer lo que se supone le corresponde a la administración municipal, organizarse, juntar dinero y resolver por su cuenta, porque aquí la lógica parece invertida, el pueblo pone el recurso y el gobierno, pone el pretexto. La escena raya en lo absurdo, ciudadanos trabajando bajo el sol, cargando material y financiando la obra pública que ya pagaron con sus impuestos, mientras desde el Ayuntamiento todo se observa con la comodidad del escritorio y el discurso, eso sí, para tomarse la foto cuando algo luce bien, nunca falta quien levante la mano y cabe recalcar que en esta comunidad siempre se han caracterizado por su organización y unión entre vecinos, algo digno de aplaudirse y de admirar por el ejemplo que es esta comunidad para Tenancingo y en especial para su gobierno inepto.
Y entonces surge la pregunta que muchos se hacen en voz baja y otros ya dicen sin rodeos: ¿la obra pública se asigna por necesidad o por cercanía política?, porque en Tenancingo parece que hay calles que sí existen en el mapa del gobierno, y otras que sólo aparecen cuando hay elecciones.
Lo ocurrido en Chalchihuapan no es una historia de éxito institucional, es un retrato de abandono maquillado de autogestión, no es orgullo, es evidencia, no es participación ciudadana, es sustitución de funciones y cuando la gente tiene que hacerle la chamba al Ayuntamiento, el problema no es la calle, es el gobierno.
Porque seamos claros, pavimentar no debería depender de, cooperaciones ni de la buena voluntad del vecino que le entra para apoyar, no solo a una calle, si no, a toda la comunidad, para eso hay presupuesto, planeación y autoridades electas, o al menos eso dice la teoría.
Pero en la práctica, Tenancingo parece manejar otro manual, si no hay afinidad política, no hay prioridad, si no hay cercanía con el grupo en turno, no hay obra, y si la comunidad se organiza y resuelve sola, mejor, así el gobierno se ahorra el gasto y se queda con el discurso.Lo verdaderamente irónico es que, cuando la calle quedó lista, el mensaje fue clarísimo, la ciudadanía sí puede, el gobierno, quién sabe, porque mientras los vecinos demostraron capacidad, organización y compromiso, la autoridad demostró algo distinto, distancia, silencio y una habilidad impresionante para desaparecer cuando toca cumplir.
Así que felicidades a Chalchihuapan por su calle nueva, y también por recordarle al Ayuntamiento para qué existe, porque cuando el pueblo pavimenta y el gobierno se ausenta, la obra no sólo deja concreto, deja evidencia.
Y en Tenancingo, específicamente en Chalchihuapan, ya se empieza a volver costumbre, la gente resuelve, el Ayuntamiento observa y luego, si acaso, presume, todo muy institucional, muy formal y cómodo, porque gobernar así cualquiera, el ciudadano paga, el ciudadano trabaja y el ciudadano agradece, mientras el poder municipal sólo administra el aplauso y reparte promesas como si fueran asfalto.
Daniel Sánchez