Mexicaltzingo

Incapacidad evidente

La detención de un hombre por agredir a una mujer en plena vía pública volvió a exhibir el nivel de deterioro en materia de seguridad que se vive en Mexicaltzingo, un municipio donde la violencia cotidiana parece haberse normalizado y donde la reacción institucional llega tarde, cuando el daño ya está hecho.
El caso, ocurrido en la colonia Arboledas, no solo revela un hecho de agresión grave, sino la fragilidad del entorno en el que viven los habitantes, la intervención de elementos de la Secretaría de Seguridad del Estado de México permitió la detención del agresor, pero también deja una pregunta incómoda: ¿por qué la respuesta tuvo que venir del estado y no de la policía municipal?.
La administración encabezada por Saray Benítez Espinoza vuelve a quedar en entredicho, la percepción ciudadana es clara, la inseguridad avanza, los episodios de violencia se repiten y la autoridad local parece rebasada o, peor aún, indiferente, no se trata de un caso aislado, sino de un síntoma más de un municipio que lleva tiempo acumulando fallas en prevención, vigilancia y reacción. Mientras la narrativa oficial presume operativos y presencia institucional, la realidad es otra: agresiones en la calle, ciudadanos que deben pedir auxilio a quien pase, y una policía municipal cuya capacidad de disuasión es prácticamente inexistente, la seguridad pública no puede depender del azar ni de la casualidad de que un convoy pase por el lugar correcto en el momento preciso.
Si esta es la “seguridad” que presume el Ayuntamiento, entonces la palabra queda grande, porque un municipio donde una mujer tiene que levantar los brazos para pedir ayuda en plena calle no está protegido, está abandonado.
Y mientras la administración municipal insiste en vender normalidad, la realidad golpea más fuerte que cualquier discurso, calles inseguras, policías rebasados y un gobierno que parece mirar todo desde la banqueta.
Al final, la detención de un agresor no tapa el fondo del problema, un municipio que vive a la deriva en materia de seguridad, y si la autoridad local sigue apostando a la improvisación y al silencio, lo único que se consolida es la percepción de ineptitud. Porque cuando la violencia se vuelve rutina y el gobierno se vuelve espectador, la gobernabilidad deja de ser promesa y se convierte en simulación, y  en Mexicaltzingo, cada nuevo episodio parece confirmar que la seguridad pública no es prioridad, es discurso.
Diego Sánchez

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