Xalatlaco

Policía Deshonesto

En Xalatlaco, la desconfianza hacia la autoridad volvió a encenderse tras la denuncia ciudadana sobre un presunto intento de infracción irregular por parte de elementos policiacos, quienes, según el señalamiento, actuaban sin el respaldo de una patrulla oficial y bajo un procedimiento que levanta más dudas que certeza, para muchos habitantes, el episodio no es un hecho aislado, sino un síntoma más del desorden institucional que arrastra la corporación encargada de hacer cumplir la ley.
De acuerdo con la versión del afectado, los oficiales intentaron sancionar a un conductor por no portar placas, en circunstancias que, según la denuncia, no justificaban la infracción, lo que abrió la sospecha de un posible intento de cobro indebido, la escena, lejos de transmitir autoridad, proyectó improvisación y abuso, alimentando la percepción de que en el municipio el reglamento se aplica según la conveniencia del momento y no conforme a la legalidad.
El silencio oficial ha terminado por agravar el problema, sin posicionamiento, sin aclaración y sin anuncio de investigación, el caso queda flotando entre la indignación ciudadana y la indiferencia institucional, un vacío que deja a la población con la sensación de que denunciar sirve de poco cuando la autoridad se protege a sí misma antes que a la gente.
Para vecinos, la situación retrata el tipo de gobierno que se ha instalado bajo la administración de Abelito Flowers, una estructura que presume orden, pero tolera prácticas que lo contradicen; que habla de legalidad, pero permite actuaciones opacas; que debería dar certeza, pero termina sembrando desconfianza. Porque cuando un policía actúa sin respaldo oficial y pretende sancionar sin claridad, lo que se fractura no es solo un procedimiento, es la credibilidad de toda la institución, y en Xalatlaco, esa credibilidad parece desgastarse cada día más, entre operativos dudosos, respuestas ausentes y un gobierno municipal que observa los señalamientos como si no fueran con él.
Al final, la pregunta ya no es si hubo o no irregularidad, sino cuántas más se normalizan en silencio, porque donde la autoridad actúa sin transparencia, el ciudadano queda expuesto; y donde el gobierno calla ante los abusos, la ley deja de ser garantía para convertirse en pretexto.
En ese escenario, la confianza pública no se pierde de golpe, se va erosionando, infracción tras infracción, omisión tras omisión, hasta que la autoridad termina siendo vista no como protección, sino como otro riesgo más en la calle.
Diego Sánchez

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