Zinacantepec
Chapatín y la sequía política

Mientras el gobierno municipal presume planes, diagnósticos, estrategias y discursos sobre el futuro hídrico del municipio, los habitantes de San Luis Mextepec, La Virgen y Zimbrones parecen vivir una realidad completamente distinta: la de abrir la llave y encontrarse, una vez más, con el mismo recurso de siempre: aire.
La reciente manifestación realizada por vecinos de estas comunidades no surgió por capricho ni por interés político, surgió por una razón mucho más elemental: la falta de agua y de servicios básicos. Cansados de esperar respuestas del Ayuntamiento y del organismo operador OPDAPAS, los habitantes decidieron hacer lo que cada vez más ciudadanos hacen cuando las autoridades dejan de escuchar: salir a las calles para hacerse visibles.
La protesta representa un golpe directo a la narrativa oficial que durante meses ha insistido en presentar una administración eficiente y comprometida con la atención de los problemas públicos, sin embargo, la realidad suele ser menos amable que los boletines institucionales. Porque mientras en los eventos se habla de proyectos, estrategias y visión de futuro, miles de familias continúan esperando soluciones para necesidades tan básicas como el acceso regular al agua potable.
La inconformidad ciudadana también deja al descubierto una pregunta incómoda para la administración encabezada por Manuel Vilchis Viveros, si existe un diagnóstico claro de las necesidades del municipio, ¿por qué comunidades enteras siguen denunciando abandono? Y si el problema ya era conocido, ¿por qué la respuesta tuvo que llegar en forma de protesta pública y no mediante una atención preventiva por parte de las autoridades?
Los vecinos aseguran que no están pidiendo obras monumentales ni proyectos futuristas. Están exigiendo algo mucho más sencillo, que funcionen los servicios por los que pagan. Una demanda que, en teoría, debería ser de las más fáciles de atender para cualquier gobierno municipal.
El problema para el Ayuntamiento no es solamente la falta de agua, el problema es la imagen que deja una ciudadanía obligada a manifestarse para exigir lo más básico, porque cada protesta envía un mensaje que ningún departamento de comunicación puede ocultar: cuando la gente sale a reclamar en grupo, es porque las ventanillas dejaron de funcionar hace tiempo.
Y mientras los habitantes de San Luis Mextepec, La Virgen y Zimbrones continúan esperando respuestas concretas, en Palacio Municipal deberían recordar una lección elemental de gobierno, los ciudadanos pueden sobrevivir algunos días sin discursos, pero difícilmente pueden hacerlo sin agua.
La política tiene algo de ironía. Se puede hablar del futuro, inaugurar planes de largo plazo y presentar estrategias con nombres espectaculares, pero cuando una familia abre la llave y no cae una sola gota. Diego Sánchez