¿20 AÑOS DESPUES?
Para algunos siguen siendo foráneos; para las urnas ya son decisivos

Mientras algunos políticos siguen viendo foráneos, las matemáticas electorales ya ven miles de votos.
Han pasado cerca de veinte años desde que comenzó a poblarse Rancho San Dimas. Sin embargo, entre muchos habitantes del fraccionamiento persiste una sensación que aparece cada vez que surge un reclamo ciudadano: la idea de que siguen siendo vistos como ajenos al municipio.
Durante años, San Dimas ha cargado con la etiqueta de ser un desarrollo habitacional habitado por personas que llegaron de otros municipios. Pero la realidad actual parece contar una historia diferente.
Con aproximadamente 5 mil 500 viviendas construidas y una ocupación cercana al 80 por ciento, San Dimas se ha convertido en una de las concentraciones poblacionales más importantes de San Antonio la Isla.
La pregunta entonces ya no es si sus habitantes son originarios o no del municipio.
La verdadera pregunta es:
¿Cuántos años necesita una comunidad para dejar de ser considerada foránea?
Porque veinte años parecen suficientes para formar familias, pagar impuestos, participar en elecciones y contribuir al desarrollo económico del municipio.
Quizá el error de algunos actores políticos sea seguir observando a San Dimas con la fotografía de hace dos décadas.
Porque mientras algunos siguen viendo un fraccionamiento de interés social, las matemáticas electorales ya observan una comunidad capaz de influir en cualquier elección municipal.
Por eso tal vez el mensaje para San Dimas sea muy simple:
Dejen de pedir. Es tiempo de exigir.
Y si todavía existe algún político que no lo ha entendido, quizá deba prepararse para la próxima elección.
Porque las urnas no preguntan quién nació aquí.
Las urnas solamente cuentan votos.
Y quién sabe, tal vez algún día tengamos que lanzar oficialmente el Álbum Panini de las Desgracias de San Dimas, con estampas de inundaciones, baches, alumbrado descompuesto y promesas de campaña sin cumplir.
Porque cuando una comunidad deja de coleccionar promesas, comienza a coleccionar exigencias.
Usted amigo lector tiene la última palabra.
Mónica Moreno