Lerma

Donde los baches ya tienen domicilio fijo

   En Lerma hay obras que van y vienen, discursos que se repiten y promesas que se reciclan cada temporada, pero hay algo que permanece firme, constante e inamovible: los baches, particularmente en el tramo cercano a la Volkswagen Lerma, donde los automovilistas ya no saben si circulan por una vialidad municipal o por una pista de obstáculos diseñada para poner a prueba suspensiones, amortiguadores y la paciencia ciudadana.
Los vecinos y conductores llevan tiempo señalando el deterioro de la zona. Sin embargo, pareciera que el problema vive atrapado en alguna oficina municipal donde los reportes entran, toman asiento y esperan eternamente su turno, mientras tanto, quienes transitan diariamente por el lugar tienen que aprender maniobras dignas de pilotos profesionales para evitar caer en alguno de los cráteres urbanos que adornan el camino.
Y es que en Lerma los baches ya no son simples desperfectos. Son parte del paisaje, algunos habitantes incluso bromean con que pronto deberían recibir nombre oficial, clave catastral y hasta representación en el Cabildo, porque llevan más tiempo presentes que varias obras anunciadas con bombo y platillo.
La molestia ciudadana crece porque el problema no parece requerir estudios internacionales, mesas de análisis ni complejos proyectos de ingeniería, lo que la gente pide es algo mucho más simple: mantenimiento básico, atención oportuna y funcionarios que recorran las calles con la misma frecuencia con la que aparecen en eventos públicos.
Quizá ha llegado el momento de que las autoridades municipales miren hacia abajo. Literalmente. Porque mientras los discursos apuntan al futuro, los automovilistas siguen cayendo en los mismos hoyos del presente.
Porque si los baches de Lerma pudieran votar, probablemente ya tendrían una regiduría. Llevan años instalados, nadie los mueve y parecen gozar de más estabilidad administrativa que muchos programas de gobierno.
Lo más irónico es que los ciudadanos ya no están pidiendo grandes proyectos, distribuidores viales futuristas ni anuncios espectaculares de inversión, lo único que solicitan es poder llegar a casa sin dejar media suspensión en el camino, pero en Lerma, al parecer, tapar un bache resulta una misión más complicada que resolver un conflicto internacional.
Y mientras los hoyos siguen creciendo al mismo ritmo que las quejas ciudadanas, en el Ayuntamiento parecen confiar en una curiosa estrategia: esperar a que los baches se conviertan en patrimonio histórico municipal, porque si algo ha demostrado esta administración, es que hay obras que desaparecen rápido.
                             Esteban Díaz

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