Zinacantepec
¿Deporte público… con llave privada?

Lo que debería ser un espacio para fomentar el deporte y la sana convivencia parece haberse convertido en un club con acceso selectivo, la Ciudad Deportiva «Lic. Juan Fernández Albarrán», financiada con recursos públicos, terminó dejando fuera a ciudadanos que simplemente buscaban utilizar una cancha de frontón, la explicación fue tan sencilla como indignante: el espacio estaba «apartado» para una escuela privada.
La escena resulta difícil de justificar. Mientras cualquier ciudadano espera que las instalaciones públicas estén disponibles para quien las necesite, algunos espacios parecen operar bajo una lógica distinta: primero los privilegiados y, si sobra tiempo, quizá el resto de la población, el concepto de servicio público parece haberse quedado esperando turno.
Las preguntas son inevitables. ¿Con qué criterios se autoriza que una institución privada utilice de manera exclusiva una instalación pública? ¿Existe un convenio formal? ¿Se paga alguna contraprestación? ¿Dónde puede consultarse esa información? Porque cuando se trata de bienes públicos, la transparencia debería ser la regla y no la excepción.
En Zinacantepec abundan los discursos sobre el impulso al deporte, la activación física y el bienestar de la juventud, sin embargo, cuando un ciudadano intenta practicar una disciplina y encuentra la puerta cerrada porque alguien más ya «apartó» el espacio, el mensaje cambia por completo. No basta con inaugurar instalaciones; también hay que garantizar que realmente sean públicas.
La administración municipal encabezada por Manuel «Chapatín» Vilchis tendría la oportunidad de aclarar cómo funciona el uso de estos espacios y evitar que la percepción ciudadana siga creciendo, porque cuando la información escasea, también crecen las dudas sobre la forma en que se administran los bienes que pertenecen a todos.
La molestia de quienes acudieron al lugar refleja una preocupación legítima: los espacios deportivos no deberían convertirse en privilegios reservados para unos cuantos mientras el resto observa desde la reja, si el deporte pretende ser un derecho, el acceso no puede depender de quién tenga la llave.
Al final, quizá habría que actualizar el letrero de entrada. En lugar de «Ciudad Deportiva», bastaría con colocar uno que dijera: «Pregunte primero si hoy el espacio sigue siendo público.», porque en Zinacantepec, al parecer, algunas canchas juegan mejor cuando la ciudadanía permanece en la banca.
Diego Sánchez