Ocoyoacac
Cero y van dos

El gobierno municipal de Ocoyoacac anunció con bombo, platillo… y Photoshop, el inicio de una majestuosa obra de pavimentación con concreto hidráulico sobre la avenida Juárez, en San Jerónimo Acazulco. Un proyecto que, según su propio portal de transparencia, implicaba una inversión de 2 millones de pesos del erario público. Hasta ahí, todo parecía una buena noticia.
El problema es que hoy, a mediados de septiembre, no hay una sola señal de que se haya movido un ladrillo. La calle sigue exactamente igual, con sus baches de siempre, su asfalto resquebrajado y su aspecto de zona de guerra (pero sin presupuesto de reconstrucción).
Y ojo, porque esta no es la primera vez que pasa. Esta ya es la segunda obra pública que se visita y no presenta ningún tipo de avance, mejora ni actividad visible. Es decir, dos veces se ha prometido pavimentar, mejorar, transformar… y dos veces nos topamos con el mismo paisaje de abandono. ¿Coincidencia? ¿Ineficiencia? ¿O un talento especial para desaparecer presupuestos?
En el caso de la avenida Juárez, lo único que han hecho es colocar unos cuantos topes nuevos, que más bien parecen estar ahí para distraer la vista o justificar gastos, porque lo que es mejorar la vialidad, nada de nada.
Y claro, la pregunta que todo el pueblo se hace es:
¿Costaban eso los topes?
¿Los hicieron con oro, diamante o algún material interestelar?
¿O de plano los 2 millones se fueron en promesas, fotos de archivo y publicaciones bonitas en redes sociales?
“Dijeron que ya iban a empezar, que el presupuesto ya estaba aprobado. Hoy es septiembre y la calle sigue igual, o peor”, comentan los vecinos. Lo cierto es que la única transformación que se ha visto es que la calle está cada vez más intransitable.
Mientras tanto, en el universo paralelo de las redes sociales del ayuntamiento, todo va de maravilla: obras que avanzan (aunque nadie las vea), calles renovadas (que solo existen en fotos) y reportes que suenan a cuento de hadas.
Porque en la vida real, en San Jerónimo Acazulco, no hay maquinaria, no hay trabajadores, no hay avances, no hay un solo letrero oficial (como exige la ley), no hay absolutamente nada que justifique el gasto de ese presupuesto.
Y como si eso fuera poco, tampoco hay información pública sobre el avance físico ni financiero del proyecto. ¿Será que los 2 millones se fueron en silencio administrativo?
Los vecinos están hartos. “Pagamos impuestos, merecemos respeto. Si hay una inversión, queremos ver resultados. No basta con subir fotos falsas o decir que ‘ya va a empezar’. Queremos hechos”, reclamó un habitante. Y con razón.
Lo grave es que ya van dos obras en la misma situación: anunciadas con bombo, sin resultados en el terreno. El historial empieza a parecer más una colección de cuentos de fantasmas que una administración municipal.
Si no aparece el pavimento, que al menos aparezca la verdad. Porque si esos topes costaron 2 millones de pesos, queremos saber si también dan masajes, reparten croquetas o cantan cuando los pisas.
La comunidad exige cuentas claras. Porque prometer y no cumplir no solo es una falta de respeto, es una burla descarada. Y si las autoridades no corrigen el rumbo, esto no va a quedar solo en el enfado vecinal, sino que podría escalar en consecuencias legales, políticas y sociales.
Porque al final del día, la gente no quiere más excusas, quiere calles pavimentadas, no promesas adornadas.
Y ahora la verdadera pregunta es para ti, lector que transita esa calle todos los días: ¿Hasta cuándo vamos a dejar que nos vendan obras que solo existen en Facebook y topes que, al parecer, valen millones?
Uriel Rosales