Servidor público ¡BRAVUCÓN!

En Almoloya de Juárez la preocupación ciudadana comienza a escalar peligrosamente, y no precisamente por hechos aislados, sino por denuncias cada vez más graves que involucran a personas vinculadas al propio servicio público, habitantes de la población vecina de San Pablo Autopan, en Toluca, denuncian que un vecino, presuntamente servidor público del municipio de Almoloya de Juarez, los habría amenazado de muerte con arma de fuego, generando miedo, indignación y una pregunta que empieza a repetirse, ¿qué clase de funcionarios están trabajando en la administración municipal?
De acuerdo con la denuncia ciudadana, el individuo no solo habría intimidado verbalmente, sino que sacó una pistola para amenazar directamente a los afectados y a su cuñado, un hecho que, de confirmarse, resulta sumamente grave, sobre todo cuando se trata de alguien que presuntamente forma parte de la estructura gubernamental de la administración encabezada por el Chiquitín» Solís.
Y es aquí donde la crítica se vuelve inevitable, porque mientras el discurso oficial habla de cercanía con la gente, seguridad y gobernabilidad, la realidad que denuncian los ciudadanos pinta un escenario muy distinto, funcionarios señalados por amenazas, ciudadanos con miedo y una autoridad municipal que, como en otros casos, parece ausente o indiferente.
El sarcasmo resulta inevitable, en Almoloya de Juárez, los ciudadanos no solo enfrentan inseguridad, ahora también enfrentan a quienes deberían servirles, o solo hay temor en las calles, también hay miedo a los propios servidores públicos, no solo falta autoridad, también sobran escándalos.
Y este episodio no aparece en el vacío, como ha ocurrido en otros municipios de la región, los ciudadanos comienzan a percibir un patrón preocupante: denuncias graves, ausencia de respuestas claras y una administración municipal que parece reaccionar únicamente cuando el escándalo crece.
Porque cuando un servidor público es señalado por amenazar con arma de fuego, el problema deja de ser un conflicto vecinal y se convierte en un asunto de seguridad pública y responsabilidad institucional, y la pregunta se vuelve incómoda para el gobierno municipal, ¿qué controles existen sobre quienes forman parte de la administración?
Mientras tanto, ahora hasta los ciudadanos de poblaciones vecinas aseguran vivir con temor por este tipo de especímenes que tiene en su administración el Chiquitín, se espera que la denuncia no quede en el olvido y que la autoridad municipal actúe antes de que la situación escale, porque cuando las amenazas aparecen, el silencio institucional solo agrava la preocupación.
Así, entre denuncias, temor y una autoridad que no responde con contundencia, la percepción ciudadana comienza a endurecerse, en Almoloya de Juárez no solo falta seguridad, también falta control sobre quienes gobiernan.
Y mientras el miedo crece y las denuncias se acumulan, el mensaje ciudadano se vuelve cada vez más claro, Almoloya de Juárez no necesita más discursos, necesita autoridad, orden y funcionarios que sirvan a la gente, y no que pregonen con el ejemplo del hermano incómodo del Chiquitín.
Lorena Roca