Almoloya de Juárez

Abandono evidente

En Almoloya de Juárez, la realidad vuelve a desbordarse, literalmente, vecinos del ejido de San Francisco Tlalcilalcalpan denuncian la salida de aguas negras en la esquina de las calles Benito Juárez y Chapultepec, una situación que, lejos de ser nueva, se ha convertido en un problema recurrente que las autoridades simplemente no resuelven.
Basta una lluvia para que las coladeras colapsen y lo que debería ser drenaje termine convertido en un foco de contaminación a cielo abierto, no es un incidente aislado ni un fenómeno extraordinario, es la consecuencia directa de una infraestructura descuidada y de una administración que parece reaccionar tarde, cuando reacciona.
El problema no solo es sanitario, es social, la afectación alcanza directamente a la comunidad escolar de la Escuela Emiliano Zapata, ubicada en la misma zona, niñas y niños que deberían transitar por calles seguras y limpias hoy tienen que convivir con aguas residuales, malos olores y riesgos evidentes para su salud.
Y mientras eso ocurre, la respuesta institucional brilla por su ausencia, porque cuando un problema básico como el drenaje se convierte en una constante, lo que falla no es la lluvia, es el gobierno, no hay mantenimiento preventivo, no hay solución estructural, no hay seguimiento. Solo parches, excusas y una normalización peligrosa del abandono.
El gobierno municipal encabezado por Óscar Sánchez García enfrenta así una crítica que ya no es política, es cotidiana, la gente no está pidiendo obras monumentales, está pidiendo algo elemental: que las calles no se conviertan en canales de aguas negras cada vez que llueve.
Pero ni eso, y entonces la pregunta es inevitable, ¿qué sí está funcionando?, porque si el drenaje falla, la atención falla y la solución nunca llega, lo que queda no es un problema técnico, es un abandono evidente, la escena se repite, llueve, se inunda, brotan aguas negras, los vecinos denuncian, y el gobierno desaparece, como si fuera parte del ciclo natural.
Como si fuera normal, pero no lo es, y mientras las autoridades siguen administrando la indiferencia, la ciudadanía sigue lidiando con las consecuencias. Porque en Almoloya de Juárez, al parecer, el drenaje no solo está colapsado, también lo está la capacidad de respuesta del gobierno, eso sí, seguramente todo está “bajo control”, tan bajo control, que las aguas negras ya forman parte del paisaje cotidiano.
Porque al final, lo más indignante no es solo el problema, sino su normalización, que una comunidad tenga que acostumbrarse a convivir con aguas negras, que una escuela opere en esas condiciones y que la autoridad actúe como si fuera algo menor, retrata con precisión el nivel de abandono, en Almoloya de Juárez no es que falten soluciones, falta gobierno, y mientras eso no cambie, cada lluvia no será un fenómeno natural, será un recordatorio más de que aquí, lo único que fluye con eficiencia, es la negligencia.
Lorena Roca

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