Portadas

Cobran, ¡No Protegen!

El Trío Maravilla

En Tenancingo la inseguridad dejó de ser un problema aislado para convertirse en el retrato diario de un municipio abandonado por quienes deberían protegerlo, robos, asaltos, desapariciones y hechos violentos continúan creciendo mientras el gobierno municipal parece más concentrado en llenar las arcas con multas que en devolverle la tranquilidad a la ciudadanía, bajo la administración de Nancy Nápoles Pacheco, la seguridad pública parece haberse reducido a retenes recaudatorios y operativos contra motociclistas, mientras los verdaderos delincuentes siguen actuando con absoluta comodidad.
La indignación ciudadana crece porque la percepción es cada vez más clara: en Tenancingo es más fácil encontrar agentes levantando infracciones que patrullas previniendo delitos, mientras comerciantes viven con miedo, familias evitan salir de noche y vecinos denuncian un aumento constante de hechos violentos, las prioridades del gobierno parecen enfocadas en convertir la seguridad en una caja registradora ambulante.
El comisario Roberto Camacho Orihuela también se encuentra bajo fuertes cuestionamientos por una estrategia de seguridad que simplemente no da resultados, porque mientras las cifras de violencia preocupan y las denuncias se multiplican, la respuesta institucional parece limitarse a perseguir conductores y aplicar sanciones administrativas como si las boletas de infracción fueran suficientes para combatir el crimen.
Y es que en Tenancingo la sensación de abandono ya se respira en las calles, los ciudadanos no piden milagros, piden algo tan básico como poder caminar con tranquilidad, abrir sus negocios sin miedo y regresar a casa sin la incertidumbre de convertirse en otra víctima más. Sin embargo, desde el Ayuntamiento pareciera que la prioridad es cuidar la recaudación antes que proteger a la población.
La administración municipal presume operativos y acciones que en la práctica poco cambian la realidad cotidiana, porque una cosa es montar retenes para multar motociclistas y otra muy distinta enfrentar de verdad la delincuencia que golpea al municipio. Lo primero deja dinero inmediato; lo segundo requiere trabajo, estrategia y capacidad, justo lo que la ciudadanía siente que no existe.
Cada robo que ocurre y cada denuncia ignorada profundizan la percepción de que el gobierno municipal perdió completamente el control, y mientras la inseguridad avanza, desde la presidencia municipal continúan vendiendo discursos vacíos que ya nadie compra porque la realidad terminó aplastando la propaganda oficial.
Lo más grave es que la ciudadanía empieza a acostumbrarse al miedo como parte normal de vivir en Tenancingo, comerciantes cerrando temprano, familias preocupadas y vecinos organizándose entre ellos porque sienten que la autoridad simplemente ya no responde, cuando eso ocurre, el fracaso gubernamental deja de ser político y se convierte en social.
Porque en el Tenancingo de Nancy Nápoles parece que la fórmula es simple: al ciudadano que trabaja, multa; al delincuente que aterroriza, indiferencia, y mientras los habitantes sobreviven entre asaltos y temor, en el Ayuntamiento seguramente seguirán celebrando “operativos exitosos” porque lograron llenar otra libreta de infracciones, un gobierno tan desconectado de la realidad que terminó confundiendo seguridad pública con cobro de piso institucionalizado.
Daniel Sánchez

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