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La Política del Avestruz

La reciente manifestación registrada en el municipio dejó algo más que consignas y reclamos ciudadanos, también exhibió una percepción que comienza a repetirse entre diversos sectores de la población, la sensación de que el gobierno municipal prefiere observar los conflictos desde la distancia antes que enfrentarlos directamente.
De acuerdo con los propios manifestantes, la presidenta municipal Nancy Valdez Ruiz no atendió personalmente las demandas planteadas durante la movilización, en su lugar, señalan que fueron enviados representantes que no ofrecieron respuestas concretas ni soluciones inmediatas a los problemas expuestos por los inconformes.
La inconformidad creció cuando algunos participantes denunciaron que durante el conflicto percibieron una actitud institucional favorable hacia uno de los grupos involucrados, situación que alimentó cuestionamientos sobre la imparcialidad con la que debería conducirse cualquier autoridad municipal frente a disputas que afectan a la ciudadanía.
Pero el malestar no terminó con la protesta, algunos de los participantes también denunciaron haber sido objeto de descalificaciones y ataques en redes sociales posteriores a la movilización, aunque dichas acusaciones deberán ser aclaradas y comprobadas por las vías correspondientes, el simple hecho de que exista esa percepción refleja el nivel de desgaste que atraviesa actualmente la relación entre gobierno y ciudadanía.
El problema de fondo va mucho más allá de una protesta específica. Lo que muchos ciudadanos cuestionan es la ausencia de una política de diálogo efectiva. porque gobernar no consiste únicamente en inaugurar obras, publicar fotografías o emitir comunicados; también implica escuchar a quienes disienten, atender reclamos incómodos y dar la cara cuando las decisiones generan inconformidad.
En cualquier democracia saludable, la protesta social debería ser vista como una oportunidad para corregir errores y fortalecer la confianza pública, sin embargo, cuando los ciudadanos sienten que sus reclamos son ignorados o minimizados, la distancia entre gobernantes y gobernados se vuelve cada vez más difícil de cerrar.
Mientras tanto, las preguntas siguen sin respuesta: ¿por qué no hubo una atención directa a los manifestantes? ¿Qué acciones concretas emprenderá el gobierno municipal para resolver el conflicto? ¿Cómo se garantizará que todas las voces sean escuchadas sin distinciones? Y, sobre todo, ¿qué hará la administración para recuperar la confianza de quienes hoy sienten que fueron ignorados?
Porque al final, los problemas públicos rara vez desaparecen por sí solos, ignorarlos puede ser una estrategia temporal, pero difícilmente una solución permanente, y cuando los ciudadanos perciben que nadie quiere asumir el costo político de dar explicaciones.
Lorena Roca