Desde hace algunos meses, el alcalde Oscar Hernández ha proclamado la nueva Plaza del Mariachi como la obra más importante de su administración, aunque la inversión sea estatal y no municipal, el presidente no ha tenido empacho en presumir como propia.
Después de tanto hablar, por fin se hizo su inauguración, teniendo como marco el Festival del Mariachi, y a pesar de que ha divido opiniones respecto a que si tiene o no que ver con la arquitectura local o si de plano es una falta de buen gusto y de entendimiento de lo que es el pueblo e historia de Calimaya, incluso, un artesano del municipio comentó en sus redes que: “Si usted ve que la plaza del mariachi no entona y brinca su diseño a lo que es la verdadera esencia de Calimaya, que no le extrañe, seguramente influyó el pésimo gusto del alcalde y de los encargados de nuestra imagen urbana y turismo, que pasarán a la historia como los responsables de terminar con la verdadera y tradicional imagen de nuestro pueblito, que si bien pudo modernizarse prefirieron hacerlo de una forma caduca y de pésimo gusto”.
Pero independientemente de que cada quien puede tener su opinión, lo que sí es innegable es que se hace difícil caminar en ella debido a lo desnivelado de lo adoquines y es frecuente ver o sufrir un tropezón, y hasta una caída, debido a lo extremadamente “rústico” de sus acabados. Así que si usted quiere ir por su helado, su elote o su tecuí, tenga mucho cuidado de no caerse cuando recorra la obra emblema de más de 30 millones que tanto presume el alcalde
Por otro lado, todavía falta mucho por saber acerca del Festival del Mariachi de Calimaya, pues sus cifras siempre parecen infladas cuando se trata de dar a conocer la inversión que se le hace, y en cambio, son opacas cuando se trata de informar en cómo se gasta esa “inversión”, ya que año con año, más que una feria tradicional y cultural del pueblo, parece convertirse en un evento de lucimiento del alcalde Óscar Hernández.
Hasta el cansancio se ha escuchado al alcalde decir de los más de 5 millones de pesos que hay de inversión municipal y que se espera que deje una derrama de más de 20 millones. Para empezar, hay que suponer que parte de ese dinero va a ser aportado por los mismos calimayenses, quienes han comentado que hasta mil quinientos pesos por día se les cobra por tener un puesto.
Ah, pero eso sí, se invita a los visitantes a consumir local y probar lo que hacen tradicionalmente los calimayeneses, tanto en comida, bebida y prendas artesanales como el rebozo. ¿No sería también un buen apoyo que se les apoyara con ser más accesibles a la hora de “rentar” los espacios, que por principio son públicos?
Como se ve, los del talento, de la tradición y de todo lo que representa la feria es la propia gente de Calimaya, mientras el gobierno se sirve de ello para su “derrama económica”, que son recursos con los que se para el cuello el famoso “Capulina”, pero que no son propiamente mérito de su administración.
¿Entonces a quién beneficia este Festival? ¿A los grupos foráneos de mariachi y al gobierno? Lo que se puede concluir es que si hay un “desnivel” importante, no solo es en las cifras que da el gobierno ni en la mala calidad de la obra emblema; el mayor desnivel es el que hay entre la gente de trabajo y un gobierno que no está a su altura.
Osvaldo García
